El urbanismo idealista de la revolución

On 08/12/2008, in 4º ESO, by David

El Clasicismo es una corriente estética recurrente en la historia del arte europeo. En un sentido estricto el clasicismo es un lenguaje estético que tiene sus fuentes en el mundo clásico y está sostenido en el equilibrio y la proporción y el uso estricto del canon y  los órdenes clásicos. Encontramos un periodo clasicista en […]

El Clasicismo es una corriente estética recurrente en la historia del arte europeo. En un sentido estricto el clasicismo es un lenguaje estético que tiene sus fuentes en el mundo clásico y está sostenido en el equilibrio y la proporción y el uso estricto del canon y  los órdenes clásicos. Encontramos un periodo clasicista en pleno renacimiento italiano, es el clasicismo que encontramos en nuestro país en el Palacio de Carlos V de Granada o el que podemos encontrar en el Monasterio de El Escorial en su versión más contenida y fría.  Sobre este lenguaje clásico el barroco interpretará nuevas formas, desviándose de la mesura clásica. El siglo XVIII vino, de la mano de la razón, a recomponer aquel canon clásico perdido. El Clasicismo se convirtió ya no sólo en una revisión del mundo clásico sino que el mismo clasicismo encarnó el momento esencia de la evolución artística de una cultura.  

Johann  Joachim Winckelmann fue el principal teórico de un estilo al que conocemos cono Neoclasicismo, por ser en esencia una vuelta al clasicismo anterior al barroco. La arquitectura Neoclásica se inspiró en la obra de los autores de la antiguedad pero encontró en algunos arquitectos modernos modelos para sus pretensiones.

Villa la Rotonda - Andrea Palladio

Villa la Rotonda - Andrea Palladio

Entre estos destacó Andrea Palladio, un arquitecto italiano del siglo XVI cuyo pequeños palacios fueron utilizados como inspiración por los autores neoclásicos. El neoclasicismo fue el estilo de la razón, de esa razón ilustrada que cantaban los intelectuales del siglo XVIII.  Los edificios Neoclásicos sirvieron tanto a los déspotas ilustrados como a los regímenes surgidos de las revoluciones liberales de finales de siglo.  Resulta por ello interesante pasear la vista por edificios que nos resultan conocidos y cuyos esquemas constructivos resultan idénticos a pesar de surgir de regímenes políticos muy distintos. 

En Madrid podemos contemplar el Museo del Prado, el propio Paseo del Prado, la Academia de San Fernando, el Jardín Botánico o el Observatorio Astronómico como ejemplos de este estilo que se desarrolló en nuestra ciudad entre los reinados de Carlos III y Carlos IV, gracias a Arquitectos como Juan de Villanueva.

Observatorio Astronómico de Madrid - Villanueva

Observatorio Astronómico de Madrid - Villanueva

Del mismo neoclasicismo surgió un visión grandilocuente del orden clásico, la de los Arquitectos Visionarios, quienes unieron al lenguaje sereno del mundo clásico los órdenes colosales, las perspectivas infinitas y una concepción idealista de la arquitectura y el urbanismo.

Cenotafio para Isaac Newton

Cenotafio para Isaac Newton

Etienne Louis Boullé fue el más importante arquitecto de esta “arquitectura de las luces”, sus proyectos colosales trataban de darle a la arquitectura un sentido social. Eran grandes espacios civiles, proyectados para el encuentro, el homenaje o  la rememoración. En 1987 el director británico Peter Greeneway dedicó su película “El vientre de un arquitecto” a la obra de Boullé, que servía de hilo conductor a la trama tejida entorno a una exposición montada en Roma sobre su memoria. 

En el video podemos ver al protagonista repasar las obras diseñadas por Boullé que también podemos observar en esta estupenda página dedicada a su obra. La obra de Boullé, o al menos parte de su inspiración recorre edificios que a diferencia de los que él proyectó, si fueron concluidos.

Basilica - Etienne Louse Boullé

Basílica - Etienne Louse Boullé

Como los órdenes gigantescos de los grandes edificios de Wasington o el urbanismo racionalista de la ciudad, cortada en cuatro sectores cuyo centro es el Capitolio, uno de esos edificios que está a medio camino entre las inspiraciones palladianas de la arquitectura inglesa y americanas de la época. Si el plano de Wasington se lo debemos a un arquitecto que acompañaba a Lafayette en la Guerra de Independencia Norteamericana, Pierre Charles L’Enfant  , otro de los padres de la patria, Thomas Jefferson fue uno de los más activos defensores del palladianismo en norteamérica.

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Capitolio EEUU

Capitolio EEUU

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La Marsellesa

On 03/12/2008, in 4º ESO, by David

En pleno avance de los ejércitos coaligados contra Francia en la primavera de 1792, Claude-Joseph Rouget de Lisle, capitán de ingenieros de la guarnición de Estrasburgo, compuso un himno al que tituló Chant de guerre pour l’armée du Rhin. En el curso del verano del mismo año su “canto” fue adoptado por los voluntarios revolucionarios de Montpellier y  Marsella que […]

En pleno avance de los ejércitos coaligados contra Francia en la primavera de 1792, Claude-Joseph Rouget de Lisle, capitán de ingenieros de la guarnición de Estrasburgo, compuso un himno al que tituló Chant de guerre pour l’armée du Rhin. En el curso del verano del mismo año su “canto” fue adoptado por los voluntarios revolucionarios de Montpellier y  Marsella que acudieron a la defensa de la Revolución. Entonando este himno, los marselleses entraron en Paris ante el general júbilo de los vecinos de la ciudad que adoptaron el himno como propio y le dieron el nombre de aquellos a quienes se lo habían escuchado por primera vez. A pesar de su popularidad y de su profundo sentido patriótico La Marsellesa no fue reconocida como himno oficial  hasta la Tercera República Francesa en 1879, casi cien años después de ser compuesta. 

La Marsellesa acompañó a todas las revoluciones del siglo XIX, resulta curioso que incluso por encima de los himnos nacionales propios o en compañía de ellos. Cuando el 14 de abril de 1931 los madrileños se lanzaron a las calles a celebrar la República, la mayor parte de la gente tal y como relataba el escritor catalán Josep Plá, testigo de los hechos, entonó La Marsellesa y no el Himno de Riego que era el propio de los republicanos españoles. 

La Marsellesa ha sido tradicionalmente un himno de resistencia a la tiranía, quizás nadie lo representó tan bien como Michael Curtiz en la película Casablanca (1942). En medio de la 2ª Guerra Mundial  el Bar de Ricky (Humphrey Bogart) servía de escenario a la emotiva resistencia de los ciudadanos franceses que se enfrentaban en un duelo coral a los soldados alemanes. La Marsellesa es aquí, del mismo modo que cuando fue compuesta, una llamada a la resistencia. Conviene leer la letra que podéis encontrar en esta entrada de la Wikipedia . Como el himno, la bandera o la fiesta nacional francesa tienen sus orígenes en la Revolución, un buen lugar donde conocer la microhistoria de estos símbolos republicanos es esta página del gobierno francés donde se hace amplia referencia a su origen y a sus vicisitudes históricas.

Para ilustra todo lo dicho aquí tenéis la magnífica escena de La Marsellesa de Casablanca, una de las obras maestras de la Historia…. pero del cine.

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Disparar a los relojes

On 02/12/2008, in 4º ESO, by David

Walter Benjamin en sus “Tesis sobre el concepto de Historia”, dedica la número XV  a la entronización de un tiempo nuevo, el tiempo revolucionario, un nuevo orden materializado en una nueva cronología. “La conciencia de hacer saltar el “continuum” de la historia es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción. La […]

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Walter Benjamin en sus “Tesis sobre el concepto de Historia”, dedica la número XV  a la entronización de un tiempo nuevo, el tiempo revolucionario, un nuevo orden materializado en una nueva cronología.

La conciencia de hacer saltar el “continuum” de la historia es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción. La gran Revolución introdujo un calendario nuevo. El día con el que comienza un calendario oficial de compendio histórico acelerado. En el fondo, ese día es el mismo que vuelve siempre bajo la forma de días festivos, que son días de recordación. Los calendarios no miden el tiempo como los relojes: son monumentos de una conciencia histórica de la que no queda en Europa la menor huella desde hace cien años. En la Revolución de julio se registró un incidente en el que esa conciencia todavía se hizo valer. Al caer la tarde dle primer día de lucha sucedió que en varios sitios de Paris, al mismo tiempo y sin previo acuerdo, se disparó contra los relojes de la torres. Un tesigo ocular, que acaso deba su acierto a la rima, escribió entonces:

¡Quién lo creyera! Se dice que indignados contra la hora

estos nuevos Josué, al pie de cada torre,

dsiparaban contra los relojes, para detener el tiempo.”  

Los revolucionarios franceses pretenden parar el tiempo, pero también pretenden romper con el tiempo antiguo, con una medida del tiempo que corresponde a la alborada de la revolución. El 20 de septiembre de 1793  el diputado de la Convención Gilbert Romme, planteó la necesidad de intervenir en ese tiempo creando un nuevo ordenamiento que prescindiera de las referencias a la religión y que, siguiendo el espíritu del tiempo, se articulara de acuerdo a la “razón”.  El año debía tener doce meses de treinta días cada uno, divididos en tres semanas de diez días llamadas “decadas”. Para que el año solar coincidiera con el revolucionario, al final del año se añadían cinco días, seis en los bisiestos que eran siempre festivos. 

Sin duda ese nuevo orden inaugurado por la revolución encuentra su mejor ejemplo en los cambios que los revolucionarios introducen en la medición de su tiempo. Tal y como nos dice Reyes Mate, si el hombre podía modificar el tiempo que articulaba su vida cotidiana, podía, con más razón, cambiar todo lo que ocurría dentro de él.

Acercaos a esta dimensión revolucionaria en esta página dedicada al Calendario de la Revolución Francesa, leyéndolo encontraréis sentido a acontecimientos que nos resulta difícil datar, “convención termidoriana” o “el golpe de 18 brumario”. Merece la Pena

 

 

La Revolución Francesa

On 02/12/2008, in 4º ESO, by David

  La Revolución Francesa tiene unos antecedentes ideológicos, sociales y económicos que contribuyen a explicar el desarrollo de los hechos. No debemos olvidar que estos factores y causas no son exclusivas, no explican por sí solas los acontecimientos, por ello y en función del peso e importancia que se le da a unas u otras, […]

 

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La Revolución Francesa tiene unos antecedentes ideológicos, sociales y económicos que contribuyen a explicar el desarrollo de los hechos. No debemos olvidar que estos factores y causas no son exclusivas, no explican por sí solas los acontecimientos, por ello y en función del peso e importancia que se le da a unas u otras, encontramos distintas escuelas historiográficas. Un acercamiento a esta cuestión la podéis leer en esta entrada de Artehistoria.

Aquí tenéis los esquemas que hemos visto en clase en su versión en blanco, más fácilmente imprimible, confío en que os ayude a comprender este hecho esencial de la Historia Contemporánea. 



En cuanto a otros textos a los que conviene que echéis un vistazo podéis partir de la magnífica página de Historia del Siglo XX donde encontraréis una serie de enlaces sobre la Revolución Francesa.  A parte, podéis consultar (en francés) esta magnífica página, al menos podéis curiosearla, en la que se recogen no sólo los acontecimientos sino una referencia amplia a los principales personajes e incluso alguno textos fundamentales: La Revolution Française 1789-1799 

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(Así veían los revolucionarios a los pobres campesinos franceses aplastados por el peso de los privilegiados)

A la hora de leer una extractada historia de La Revolución Francesa, podéis acudir a YLLÁN, E. (2003). La Revolución Francesa. Madrid: Anaya. Biblioteca Básica. Este pequeño libro lo podéis encontrar en la Biblioteca del Centro y pertenece a una Colección de libros de historia con propósito escolar que os ayudará a entender el modo en el que escribimos los historiadores.

Es una forma de empezar….. atreveos a saber. Leed más allá del libro de texto

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