La Historia delante de las narices

On 13/03/2011, in 3º ESO, 4º ESO, Crítica y Reflexión, by David

La inflación del término histórico lo ha desacreditado. Históricos son los partidos de fútbol, las bodas de cualquier famoso o la presentación de cualquier frivolidad tecnológica.  No conviene que perdamos el sentido y debemos atender a estos momentos en los que todo parece transformarse, en los que nos entra cierto pánico ante un futuro que […]

La inflación del término histórico lo ha desacreditado. Históricos son los partidos de fútbol, las bodas de cualquier famoso o la presentación de cualquier frivolidad tecnológica.  No conviene que perdamos el sentido y debemos atender a estos momentos en los que todo parece transformarse, en los que nos entra cierto pánico ante un futuro que se desdibuja, que rompe con el proyecto que teníamos pensado.

Llevamos unos meses verdaderamente “históricos”, frente a nosotros, al otro lado del Mediterráneo los pueblos se desperezan e intentan romper con décadas de opresión política y de ruina económica. Elevados sobre una juventud bien formada y abierta a otras referencias, los regímenes tiránicos que aseguraban a Europa un Mediterráneo pacífico caen como piezas de dominó.

No sabemos hasta dónde llegarán las reformas, hasta cuando estos procesos podrán mantenerse, de qué manera se desarrollarán los cambios que las poblaciones reclaman, pero sin duda, nuestro dormido continente ha recibido una lección. La desesperación acaba por romper por algún sitio, la ausencia de salidas razonables provoca movimientos que acaban en cambios o en sangrientas represiones.

Si miramos a nuestros vecinos del sur, podemos ver un poco de todo esto. Permaneced atentos, esta historia no os la tendrá que contar nadie, la estáis viendo delante de las narices.

Rachid Taha escribió hace algunos años esta canción, “Barra, Barra” (aquí la traducción) que ilustra ese cansancio que ahora vemos romperse en manifestaciones y revueltas. Confiemos en que las ilusiones no se rompan.

Para saber más os recomiendo el artículo de Josep Ramoneda en Le Monde Diplomatique de este mes “Cinco causas de la insurrección árabe” y que sigais el blog de Olga Rodríguez (El minotauro anda suelto). Bien está para empezar a entender las cosas.

¡A las barricadas!

On 22/05/2009, in 4º ESO, by David

¡A las barricadas! no es sólo una llamada a la resistencia armada en las calles. A las barricadas es el más conocido de los himnos anarquistas, surgido de las revueltas de los revolucionarios nacionalistas polacos que lo transmitieron a quienes  acabaron por hacerlo suyo. Pero esas barricadas que canta el himno son más que una […]

Barricadaparis.jpg¡A las barricadas! no es sólo una llamada a la resistencia armada en las calles. A las barricadas es el más conocido de los himnos anarquistas, surgido de las revueltas de los revolucionarios nacionalistas polacos que lo transmitieron a quienes  acabaron por hacerlo suyo. Pero esas barricadas que canta el himno son más que una canción, son la esencia de la revolución, son la esencia de las luchas urbanas que las dieron sentido.

En los Miserables Victor Hugo nos habla de la Revolución de 1830, una revolución apoyada en las barricadas construídas con los adoquines de esas ciudades europeas transformadas por la industrialización. Unas barricadas que se volvieron a levantar en la ciudad de París en 1848 y que de nuevo se elevaron en 1871 con “La Comune”.

La barricada es la expresión de la guerrilla urbana, es la empalizada levantada por las distintas luchas revolucionarias del siglo XIX en las calles. Tras ellas se parapetaron primero los liberales revolucionarios. Después lo haría el proletariado junto a parte de la intelectualidad  de la época, reclamando la justicia social que exigían durante la Convención  los Jacobinos ya en 1793.

Ese proletariado cuya vida infame retrataron los escritores del siglo XIX y que protagonizaría en buena medida los distintos asaltos revolucionarios, es el que retratan  Dickens, Galdós,  Dostoyevsky o  Tolstoi. En el cine sería muy precozmente  Fritz Lang quien lo hiciera en  Metrópolis. La ciudad de los obreros está en las profundidades de la tierra, mientras que la ciudad visible es un sueño tecnológico que disfrutan las clases superiores. Esa vida infame, marcada por el reloj y definida por los ritmos de las máquinas tiene su mejor expresión en esta escena que vimos en clase. Os invito a ver la película entera.

La “Revolución” entendía que otro mundo era posible, esa esperanza animó  la Revolución Francesa y estuvo presente en buena parte de los proyectos sociales y políticos del siglo XIX. La Revolución exigía un tributo de sangre, la sangre que empapó simbólicamente las banderas revolucionarias o que las tiño de luto.  Ese tributo de sangre llegaría con el siglo XX muy lejos, demasiado lejos, cuando el exterminio del contrario se convirtió no sólo en una política de partido sino en un proyecto de estado.

El tributo de sangre revolucionaria fue cantada por Eisenstein en el Acorazado Potemkin, la escena de la Escalera de Odessa nos presenta el horror de la matanza de indiscriminada de civiles, aquellos cuya sangre fue derramada para alentar una revolución definitiva, la Revolución Rusa que estamos estudiando. Con ese sentido se rodó, con ese sentido Eisenstein presentó, a mayor gloria de la Revolución en marcha, la opresión del pueblo ruso que la había hecho posible. La situación se teatraliza buscando la emoción del espectador, una emotividad que pretende alimentar el ardor revolucionario.

Para quienes queréis saber más de esta revolución que estamos viendo y para quienes queráis hacerlo a través de imágenes, aquí tenéis los tres vídeos que os comenté sobre la Revolución Rusa,…. no son el tema, son un documento más para entender el tema.

Disparar a los relojes

On 02/12/2008, in 4º ESO, by David

Walter Benjamin en sus “Tesis sobre el concepto de Historia”, dedica la número XV  a la entronización de un tiempo nuevo, el tiempo revolucionario, un nuevo orden materializado en una nueva cronología. “La conciencia de hacer saltar el “continuum” de la historia es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción. La […]

calendrier-republicain-debucourt

Walter Benjamin en sus “Tesis sobre el concepto de Historia”, dedica la número XV  a la entronización de un tiempo nuevo, el tiempo revolucionario, un nuevo orden materializado en una nueva cronología.

La conciencia de hacer saltar el “continuum” de la historia es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción. La gran Revolución introdujo un calendario nuevo. El día con el que comienza un calendario oficial de compendio histórico acelerado. En el fondo, ese día es el mismo que vuelve siempre bajo la forma de días festivos, que son días de recordación. Los calendarios no miden el tiempo como los relojes: son monumentos de una conciencia histórica de la que no queda en Europa la menor huella desde hace cien años. En la Revolución de julio se registró un incidente en el que esa conciencia todavía se hizo valer. Al caer la tarde dle primer día de lucha sucedió que en varios sitios de Paris, al mismo tiempo y sin previo acuerdo, se disparó contra los relojes de la torres. Un tesigo ocular, que acaso deba su acierto a la rima, escribió entonces:

¡Quién lo creyera! Se dice que indignados contra la hora

estos nuevos Josué, al pie de cada torre,

dsiparaban contra los relojes, para detener el tiempo.”  

Los revolucionarios franceses pretenden parar el tiempo, pero también pretenden romper con el tiempo antiguo, con una medida del tiempo que corresponde a la alborada de la revolución. El 20 de septiembre de 1793  el diputado de la Convención Gilbert Romme, planteó la necesidad de intervenir en ese tiempo creando un nuevo ordenamiento que prescindiera de las referencias a la religión y que, siguiendo el espíritu del tiempo, se articulara de acuerdo a la “razón”.  El año debía tener doce meses de treinta días cada uno, divididos en tres semanas de diez días llamadas “decadas”. Para que el año solar coincidiera con el revolucionario, al final del año se añadían cinco días, seis en los bisiestos que eran siempre festivos. 

Sin duda ese nuevo orden inaugurado por la revolución encuentra su mejor ejemplo en los cambios que los revolucionarios introducen en la medición de su tiempo. Tal y como nos dice Reyes Mate, si el hombre podía modificar el tiempo que articulaba su vida cotidiana, podía, con más razón, cambiar todo lo que ocurría dentro de él.

Acercaos a esta dimensión revolucionaria en esta página dedicada al Calendario de la Revolución Francesa, leyéndolo encontraréis sentido a acontecimientos que nos resulta difícil datar, “convención termidoriana” o “el golpe de 18 brumario”. Merece la Pena