El asesinato de los abogados de Atocha

On 09/10/2009, in 2º BACH Historia España, by David

Con la Constitución e 1978 se cierra la Transición, sin embargo no es hasta el fracaso del golpe de Estado del 23 Febrero de 1981 cuando se da por completamente cerrado el proceso y se entiende como definitivo. La Transición logró sobrevivir a las tensiones provocadas por el terrorismo etarra, el del Grapo y el […]

Monumento a los abogados de Atocha 1977Con la Constitución e 1978 se cierra la Transición, sin embargo no es hasta el fracaso del golpe de Estado del 23 Febrero de 1981 cuando se da por completamente cerrado el proceso y se entiende como definitivo. La Transición logró sobrevivir a las tensiones provocadas por el terrorismo etarra, el del Grapo y el de los grupos de ultraderecha. El mes de enero de 1977, con la Ley de Reforma Política recién aprobada y el proceso de preparación de la legalización de partidos dando sus primeros pasos, se producen uno de los hechos más dramáticos y desestabilizadores del periodo, la Matanza de los abogados laboralistas de Atocha. En la noche del  24 de enero de 1977 un grupo ultraderechista formado por tres personas entra en el despacho de abogados situado en Atocha, 55  y después de arrinconarlos contra una pared del despacho, disparan contra las nueve personas que se encontraban allí esa noche. Podéis leer para saber más este breve reportaje que conmemora  los 25 años de aquellos sucesos.

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En 1979 Juan Antonio Bardem dirigió “Siete días de enero” basándose en este grave acontecimiento que a punto estuvo dedesestabilizar definitivamente la transición.  Aquí tenéis un fragmento de la película. En el podéis ver representada también la conflictividad laboral de la época y la presión policial sobre los grupos vinculados a la izquierda. Es una teatralización…. y eso a veces hace que las conversaciones se fuercen para cargarlas de referencias y sentido. No obstante el documento tiene interés por la presentación de los hechos de aquella trágica noche y alguno de los  fragmentos documentales que presenta, en este caso, el entierro de los asesinados.

En el siguiente vídeo podéis ver y escuchar  la entrevista a uno de los supervivientes de la matanza, Miguel Saravia que cuenta en primera persona el momento en que les dispararon.

Aquí podéis encontrar la noticia tal y como apareció el día siguiente al atentado en el diario El Pais donde se hacía referencia en otra noticia a la violencia de las últimas jonadas. Resulta también muy interesante para ver la perspectiva de quienes aspiraban a una transición hacia la democracia pacífica y ordenada, el editorial de El Pais de ese  mismo día. Como veis …. mucho miedo y nada fácil.

Seguid hambrientos y seguid alocados

Me encanta leer a Ada Salas, una poetisa extremeña que publicó hace años un poemario titulado “El lugar de la derrota”,ºdonde hacía un catálogo de pérdidas al que acudo a menudo. Perder supone haber tenido, supone sentir un  hueco y el anhelo de recuperarlo.  Todos los finales de curso tienen algo de “Lugar de carencia”, […]

imagesMe encanta leer a Ada Salas, una poetisa extremeña que publicó hace años un poemario titulado “El lugar de la derrota”,ºdonde hacía un catálogo de pérdidas al que acudo a menudo. Perder supone haber tenido, supone sentir un  hueco y el anhelo de recuperarlo.  Todos los finales de curso tienen algo de “Lugar de carencia”, de relaciones que se emborronarán con el tiempo, que dejarán una huella, el dibujo ténue que deja el agua en las orillas, que serán grato recuerdo y nostalgia. Las personas, como el agua, dejamos esa huella en los demás. “tenue humedad bajo la piedra” (dice un magnífico verso de Ada Salas), habremos de conformarnos con eso.

Las vivencias a menudo no tienen un sentido inmediato, la memoria las entreteje a lo largo del tiempo. Muy posiblemente las cuestiones que hemos tratado este año y las experiencas de estas horas compartidas, cobren sentido dentro de unos años.  Desconozco que será lo que quede de tantas horas de historia como hemos tenido este año, de las lecturas, de las reflexiones, de las referencias literarias y las cinematográficas. Más importante que los que habéis recordado para un ejercicio o lo que aun hoy recordáis es lo que dentro de  muchos años quede de todo eso. Los que tuvísteis el privilegio de asistir a las entrevistas con los abuelos, les escuchasteis hablar del lejano tiempo de su Escuela. ¿Qué guardará nuestra memoria de estos años?.

Confío en que el curso haya servido para abriros ventanas, para invitaros a traspasar puertas que no conociais, para estimular vuestra curiosidad, para invitaros a saber.  Dudo mucho siempre de haberlo conseguido. Steve Jobs (uno de los fundadores de Apple) dedicó un discurso de graduación universitaria a la curiosidad y a la paciencia para que nuestras experiencias y saberes tengan consistencia. El discurso termina con el título de esta “entrada”: “Seguid hambrientos y seguid alocados”. Una llamada a querer saber, a perseverar y a tener ganas de hacer, por difícil que se plantee la tarea.

Seguid hambrientos y alocados.

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Memoria Passionis

On 25/08/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán […]

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán del conocimiento en estado puro que la escuela administra.

La escuela pretende salvarnos a través de la cultura, parte de un principio que quizás debamos considerar de modo más cuidadoso, el que vincula progreso cultural y progreso ético. La escuela tal y como la conocemos es hija de las revoluciones liberales de principios del siglo XIX y nació con tan altos propósitos salvíficos. Si hasta entonces la Iglesia se había encargado de salvar almas sería a partir de entonces el estado, a través de la escuela, el encargado de salvar nuestros cuerpos. La construcción de la ciudadanía moderna es un camino interesante de transitar y descubrir la participación de la escuela en esa construcción es esencial, en especial si uno se dedica a esto de enseñar.

Desde luego el recorrido es paradójico, la escuela ha ejercido su misión salvadora a despecho incluso de sus salvados. Resulta instructivo  profundizar en esas paradojas de la escolarización, nos ayudan a tener perspectiva sobre las razones profundas de lo que ocurre en las aulas y lo que sucede en las cabezas de los alumnos y los profesores. Podemos seguir este discurso en algunos títulos que nos señalan algunas taras que conviene advertir, sino corremos el riesgo de creernos nuestras propias tonterías….. y eso sí que sería patético. Raimundo Cuesta lo  hizo muy acertadamente en Felices y Escolarizados, advirtiéndonos sobre este control de mentes y cuerpos que la modernidad instituye a través de instituciones como la Escuela.

En cuanto a la correlación entre progreso cultural (ese que justifica a escuela) y progreso etico. Me gustaría poder pensar otra cosa, pero lamentablemente poseer una alta cultura y ser moralmente perverso no está reñido. Cuidado, que no tener esa cultura y serlo tampoco está relacionado, más bien parece que son cosas diferentes. Honrados y cultos padres de familia acariciaban las rubias cabezas de sus hijos antes de salir de casa y después de desayunar escuchando un disco de Bach o cualquier otro gran compositor clásico, se entregaban con burocrática frialdad a la tarea de servir los seis mil cuerpos que las cámaras de gas de Auschwitz devoraban cada día.

En 1962 era ejecutado Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis y cumplidor funcionario que había logrado que los trenes que llevaban a los judíos hacia los campos de exterminio llegasen puntuales a sus fatales destinos hasta poco antes del final de la 2ª Guerra Mundial. La captura por los servicios secretos israelíes de Eichmann, su posterior juicio y ejecución provocaron en Hannah Arendt, una de las principales pensadoras de origen judío del siglo XX,  una reflexión sobre la naturaleza de los actos que llevaron a Eichmann a la horca. Hannah Arendt utilizó en “Eichmann en Jerusalen: Un estudio sobre la banalidad del mal” la propia línea de defensa seguida por el oficial nazi, que consideraba que no había hecho otra cosa que cumplir órdenes. Arendt se sorprendía de la mediocridad de un individuo sobre el que pesaban crímenes tan horrorosos, pero del mismo modo se sorprendía de cómo la maldad extrema no precisaba de individuos enloquecidos, atroces pervertidos o agudos criminales. Bastaba un estado organizado burocráticamente y una jerarquía sólidamente establecida para llevar a cabo las mayores barbaridades de forma efectiva y sin que la culpa ensombreciese la conciencia de sus ejecutores.

Animado por la lectura de Arendt y su propia reflexión sobre el caso Eichmann, un sociólogo norteamericano, Stanley Milgram, profundizó en las tenebrosas sombras de la obediencia y las jerarquías con un estudio que provocó un aluvión de reacciones en contra. Su “Obediencia a la autoridad:  Un punto de vista experimental”  pudo apoyarse en experiencias coetáneas como la matanza de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnan.  La cuestión que nos plantea Milgram es cómo “La persona que siente, por convicción interna, repugnancia por el robo o por el crimen o por una agresión cualquiera, puede de hecho lleva acabo todas estas acciones con una relativa facilidad, una vez que le son ordenadas por la autoridad” .

Antes que él uno de los grandes denunciadores de la barbarie, George Orwell, había escrito mientras Londres era bombardeada “En el momento en que escribo estas líneas, seres humanos altamente civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme. No tienen sentimiento alguno de enemistad contra mi como individuo, ni tampoco lo tengo yo contra ellos. Como se dice, no hacen otra cosa que ‘cumplir con su deber’. la mayor parte de ellos, estoy plenamente convencido, son personas de buenos sentimientos, cumplidoras de la ley, que jamás soñarían en sus vidas privadas con cometer un asesinato. Por otra parte, si consigue uno de ellos hacerme saltar en pedazos con una bomba bien colocada, no por ello dejará de dormir tranquilamente”. Cuantas veces hemos podido ver después eso que Orwell nos relata, el frío cumplimiento de las órdenes más terribles e inhumanas en nombre del deber, en nombre de un país o de una idea. Pero las consecuencias son “reales”, el sufrimiento que provocan, individual.

Zygmunt Bauman, uno de los más lúcidos intérpretes de la modernidad plantea en “Modernidad y Holocausto” que en la realidad de los campos de concentración descubrimos un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro que nos cuesta reconocer como propio, pero el Holocausto, fue como bien dice, un producto de la racionalidad moderna, fue el resultado de rutinarios procedimientos burocráticos, de cálculos de eficiencia. Fue el esforzado empeño de dar “soluciones racionales” a “problemas” que se iban planteando a medida que cambiaban las circunstancias. Como nos advertía Arandt y nos señalaba Milgram, la mayora parte de los autores del genocidio fueron personas normales que pasarían tranquilamente por cualquier cedazo psiquiatrico por tupido que este fuera. Y es que Bauman, que utiliza el estudio de Milgram como base, considera que la mediación intrínseca a toda burocracia, provoca esa perversa invisibilidad moral.

Los más aterrador, no es que sepamos lo que ocurrió, el alcance del horror organizado por los nazis, sino la idea de que nosotros podríamos también haberlo hecho. Hay quienes, como Reyes Mate, destacan la excepcionalidad de Auschwitz pero no faltan quienes sin negar esa excepcionalidad, rastrean un modo de proceder que se ha repetido a lo largo de todo el siglo XX en diferentes persecuciones y matanzas.  En sociedades  que habían tenido un acceso generalizado a la cultura, en sociedades que podían llamarse sin ambages modernas.

Nos dice I. Kertesz en “Un instante de silencio ante el paredón” que no comprendemos que aquello haya podido suceder porque nos negamos a reconocer que la barbarie es una posibilidad latente en nuestra manera de vivir. Nos espanta la facilidad con la que los regímenes dictatoriales totalitarios disuelven la personalidad autónoma y hacen del ser humano una pieza constituyente, sumisa y perfectamente ajustada del engranaje estatal.

Qué poca efectividad parece tener la cultura, gran excusa y trasunto de la educación, qué poca influencia en nuestra percepción del dolor ajeno, de nuestra posición frente a los semejentes. Quizás podamos explicar estas taras desde la lógica de la propia conservación y la obediencia. Podemos argüir que el mal una vez desatado no puede resitirse. ¿Como explicar sino la impunidad de tantos crímenes? La Guerra Civil española, el Gulag, la matanza de Srebrenika,  o los desaparecidos de Argentina o Chile (ved sobre esto el terrible y esclarecedor artículo del pasado domingo sobre el desaparecido Héctor Germán Oesterheld). Sin embargo el testimonio de los pocos que resistieron demuestra que en definitiva es una elección. Entre pervivir en medio de la barbarie más absoluta y arriesgar nuestra vida oponiéndonos a ella, la mayor parte de nosotros elegimos la primera opción. Quizás por eso la memoria de la barbarie es tan delicada, nos incomoda pensar que posiblemente estaríamos del lado de los verdugos. Por eso la memoria es un asunto tan serio y mueve tanta controversia, por eso las víctimas siguen siendo una y otra vez asesinadas y todo progreso parece excusar ese sacrificio (siempre ajeno).

Advierte Reyes Mate que nuestro tiempo se ha especializado en disimular el lado oscuro de la realidad, en camuflar la muerte, en convertir el dolor humano en artículo indoloro de consumo. Por eso ha podido erigir esa idea de vida libre de sufrimiento, sin embargo la realidad es que el hombre causa y padece dolor e injusticia. Recordar Auschwitz es tanto como reconocer que la pregunta por la felicidad no puede hacerse de espaldas al sufrimiento.

Manuel Reyes Mate ha dedicado buena parte de su obra a esa “memoria passionis”  a esa memoria del sufrimiento, a su valor y la importancia que tiene para la construcción de una alternativa a ese “progreso” moderno que pasa por encima de individuos, grupos sociales y pueblos enteros. Podéis escuchar al propio Reyes Mate desarrollando esta cuestión en una entrevista que concedió a Canal Sur.

Dice Reyes Mate que el sentido de la educación es hacer frente a la barbarie, enseñar a vivir humanamente. Plantea que debe ser la réplica civilizada a la “banalidad del mal” que debe ayudarnos a sospechar de que el hombre vive consciente o inconscientemente con ese mal elemental. Para Mate, el saber es sufrimiento, no porque en el camino del conocimiento el esfuerzo haya de ser constante y porque este esfuerzo suponga sufrir de alguna manera. Sino porque el sabio que se implica en el conocimiento no separa la substancia de la realidad de la experiencia y al estar pegado a la realidad se familiariza con el sufrimiento. Un sufrimiento que no abstrae o disimula, sino que toma como referente de su quehacer. El que sufre no nos pide que le aclaremos la razón de su sufrimiento, clama por la felicidad de la que se le está privando. Ahí radica uno de los errores más comunes de todo conocimiento, parece que saber el nombre de la enfermedad o lo que lo provoca nos sirviera de alivio. Si planteamos que sufrimos una crisis económica o que la economía de nuestro país es ruinosa basta explicar las razones para que respiremos aliviados. La escuela a menudo cae en esta trampa nos dice el nombre de las cosas, pero no nos da herramientas para conocer su calidad, no pretende defendernos de esos males a los que pone nombre (más si cabe si son del pasado y pueden quedar en adorno culturalista)

A veces sospecho y me atormenta la idea de que quienes estamos en esto de la educación enseñamos a obedecer, enseñamos a aceptar la realidad como un hecho invariable, a transigir con la injusticia. Hacemos esa historia  sobre la que nos prevenía Walter Benjamin, la que sirve de conmemoración a los vencedores en vez de recordar a las víctimas. Benjamin nos previne sobre ella pues hay una relación entre la reproducción del mal y el recuerdo de los derechos de los vencidos, si estos derechos prescriben nada impediría que el crimen se perpetuara. Por todo ello Benjamin nos aconseja que busquemos la verdad en la basura de la historia, entre los harapos y los escombros de la moderna civilización.

Recoge Reyes mate la cita de unas palabras que en su última conversación Marcuse le dirigió a Habermas

“¿Sabes? Ya sé donde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentimiento del sufrimiento de los demás”

Cuando dejamos esa compasión al margen nos deshumanizamos, cuando preferimos el olvido del sufrimiento pasado cumplimos con el dictado de quienes levantaron los campos de concentración, pues su propósito no era sólo construir una gigantesca fábrica de muerte, sino sobre todo, un proyecto de olvido, la negación del crimen dentro del crimen.

A todo esto he dedicado el verano. La verdad es que fundamentalmente a estas lecturas y reflexiones, en ellas sigo y seguiré por mucho tiempo. Han sido mis principales lecturas, he dejado su referencia para el último momento porque me tenían demasiado absorbido como para resumiroslas aquí en un momento.

Para terminar permitidme que ponga banda sonora a este artículo, se trata del tercer movimiento del String Quartet nº 3 de Dimitri Shostakovich,  con él en los oídos escribo.

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Encuentro con el Otro

On 18/08/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Ya es antiguo el título que encabeza este post y que pertenece a un libro del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski publicado en el año 2007. Podéis acercaros al espíritu de este maestro del periodismo y maravilloso escritor, premio Príncipe de Asturias 2003, en algunas entrevistas como ésta  de la revista Letras Libres o […]

Ya es antiguo el título que encabeza este post y que pertenece a un libro del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski publicado en el año 2007. Podéis acercaros al espíritu de este maestro del periodismo y maravilloso escritor, premio Príncipe de Asturias 2003, en algunas entrevistas como ésta  de la revista Letras Libres o mejor incluso en esta colección de artículos propios y a propósito de él en El País, donde podréis leer la necrológica publicada a su muerte, algunas reseñas sobre sus libros y una selección de os artículos que escribió para este periódico. Os sugiero, por ejemplo éste dedicado a Herodoto en la Guerra que fue el origen de mi afición a Kapuscinski.

Herodoto no describía el mundo como hacían los filósofos presocráticos, partiendo de su propio pensamiento, sino que contaba lo que había visto y oído en sus viajes. Su filosofía consistía en que hay que moverse y descubrir ideas nuevas. Estaba convencido de que las culturas se mezclan y que, incluso cuando hay un conflicto, no tiene por qué ser un aniquilamiento. Herodoto polemiza con sus compatriotas, demuestra y prueba, por ejemplo, que los griegos, sin la cultura egipcia, no serían nada. Ninguna civilización existe de forma aislada: hay una interacción constante. Es un cronista y, al mismo tiempo, un patriota griego. Pero nunca emite una palabra de odio. Nunca usa términos como enemigo o aniquilamiento. El lenguaje del odio no tiene lugar en sus escritos. Escoge palabras dramáticas, que sirven para mostrar la desgracia humana dentro del conflicto. Lo que más le importa es destacar las razones de las dos partes. No juzga, da a los lectores las facultades y los materiales necesarios para formarse su propia opinión. Muchas veces, más que de cronista, tiene actitud de estudioso: después de narrar, se hace preguntas.

En el libro que da título a este post “El encuentro con el Otro” abunda en la misma idea que aquí destaca en la obra de Herodoto , la necesidad que el hombre tiene de otra mirada en la que reconocerse. Kapuscinski se apoya en su propia experiencia, la que le hace ver que en sus viajes y en su trabajo de periodista la experiencia fundamental han sido siempre el encuentro con el Otro. Ese encuentro que fundamenta el conocimiento sobre uno mismo para Herodoto es para Kapuscinski la experiencia básica de nuestra especie. Kapuscinski se inspira en el filósofo Emmanuel Levinas para quien el encuentro con el otro es el acontecimiento, la llave que nos abre el más amplio de los horizontes. Para Levinas en ese encuentro reside la  esencia del ser humano y el fundamento de toda filosofía que ha de ser sobre todo ética y por lo tanto responder a nuestra relación con ese Otro al que estoy vinculado, sobre el “que soy responsable”. Tal es la relación que nos hace humanos pues para Levinas uno no nace hombre, la  humanidad deviene nos hacemos humanos en ese encuentro con el Otro.

La carga ética que para Levinas y por ende para Kapuscinski tiene ese encuentro es evidente. Kapusinski nos habla de cómo las relaciones humanas, a pesar de la opinión generalizada son por lo general amistosas, de colaboración, de curiosidad, de apertura. Es cierto que el conflicto existe y por supuesto el conflicto violento, la guerra, el enfrentamiento. Pero no es menos cierto que la mayor parte de los encuentros son mucho más amistosos. El peso que el comercio, el viaje, la curiosidad, el contacto amistoso o la hospitalidad han sido mucho más importantes que lo que se deduce de cualquier manual escolar de historia donde el peso de la guerra se hace a veces para alguno de los que transitamos por ellos francamente intolerable. Kapuscinski nos refiere como en la guerra de Liberia fue testigo de los violentos enfrentamientos que sostenían las tropas gubernamentales y los rebeldes teniendo como frontera un río. De una orilla a la otra el día transcurría entre el tableteo de las armas de una y  otra orilla. Las orillas se mantenían unidas por un puente que al acabar el día se abría a los contendientes que cruzaban desarmados al otro lado para acudir a un mercado que se instalaba en el lado gubernamental.  Por encima del enfrentamiento el intercambio, la relación comercial, el intercambio de mensajes, de cartas de recuerdos a los familiares que habían quedado al otro lado de la frontera. La mirada de viajero de Kapuscinski es lúcida y enriquecedora, su relación con las poblaciones que visita, su vivir en medio de y no enfrente de son una lección ética y de vida.

Sobre el encuentro con el otro, Herodoto, la hospitalidad y todo aquello que nos hace humanos una película nos puede servir de nexo de unión: “El paciente inglés” (1996) de Anthony Minghella. El protagonista lleva siempre La Historia de Herodoto en el mano, de la que se lee algún fragmento en la película, es una historia de encuentros y cómo esos encuentros nos cambian la vida, o si preferís, como esos encuentros dan sentido a nuestra vida y es una película sobre los efectos de la guerra en el alma de las personas.

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