La maldad de la dominación: La cinta blanca

On 06/03/2010, in Crítica y Reflexión, by David

La atmósfera cerrada de una aldea alemana en las vísperas de la I Guerra Mundial sirve de escenario a la última película de Michael Haneke; “La cinta Blanca“. No resulta fácil asomarse al universo de sus protagonistas, el ritmo no es el habitual y el lenguaje tampoco. La voz del narrador omniscente, el maestro del […]

La atmósfera cerrada de una aldea alemana en las vísperas de la I Guerra Mundial sirve de escenario a la última película de Michael Haneke; “La cinta Blanca“. No resulta fácil asomarse al universo de sus protagonistas, el ritmo no es el habitual y el lenguaje tampoco. La voz del narrador omniscente, el maestro del pueblo, que recuerda los hechos años después, a veces confunde más que aclarar y nos empuja a través del breve tiempo de apenas dos años, un par de cosechas, que la película retrata.

No es una película fácil, no es un relato amable, no resulta sencilla de seguir y al final te queda la sensación de que has perdido algo esencial en alguno de los repliegues de la historia, en esos detalles que son imágenes, que son miradas y silencios. Las miradas son las protagonistas, las miradas y los pequeños sonidos, los planos cortos y medios, los detalles en los que la cámara se engolosina como si de una sucesión de bodegones se tratara.

Pienso en la película y recuerdo las miradas, esos ojos serviles, temerosos, que estallan en las silenciosas furias, malvadas y mezquinas que articulan el argumento de la historia. El miedo, la furia y el silencio son el reverso de la dominación, de las diferentes dominaciones que sufren los protagonistas, los niños, las mujeres, los campesinos….. Una dominación difícil de simplificar, no es la del barón sobre la aldea, no es la del pastor sobre sus feligreses o sobre sus hijos, no es el de las relaciones entre el médico y su amante, son dominaciones jerárquicas, de género, de edad, de cultura, transversales, entre iguales…. son toda la amplia gama de abusos de poder que alimentan el pulso enfermo de la convivencia de la cerrada sociedad de esa aldea.

Salí del cine confuso, un poco decepcionado y sin embargo al pasar de las horas paladeo escenas, recuerdo imágenes y reconstruyo un historia sobre la que tendré que volver.  Si queréis analizar las raíces del mal, aquí tenéis un buen principio, desde luego la dominación, el abuso y la más absoluta falta de empatía parecen tener bastante que ver, si seguimos la mirada de Haneke. No seré yo quien le lleve la contraria.

La película fue un regalo, un precioso regalo de tiempo y de atención de algunas de las mejores y más interesantes personas que he tenido el privilegio de conocer ejerciendo este oficio que ayer ganó sentido. Muchas gracias de todo corazón,  prometo que la próxima vez elegís vosotros.

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Nos+Otros

On 29/03/2009, in Crítica y Reflexión, by David

El Otro es siempre sentido como una amenaza, esos bárbaros que no hablan nuestra lengua “la lengua” o no tienen nuestra cultura “la cultura”. …..  que aparecen como una amenaza que ha de diluir nuestras esencias. Ante el Otro el hombre tiene tres opciones, el enfrentamiento y la guerra, el aislamiento tras una muralla o […]

imagen-1El Otro es siempre sentido como una amenaza, esos bárbaros que no hablan nuestra lengua “la lengua” o no tienen nuestra cultura “la cultura”. …..  que aparecen como una amenaza que ha de diluir nuestras esencias. Ante el Otro el hombre tiene tres opciones, el enfrentamiento y la guerra, el aislamiento tras una muralla o el diálogo.  Para Kapuscinski, que fue reportero de innumerables guerras,  esta es un fracaso, la evidencia de nuestra incapacidad para entendernos con  los Otros. A la separación y el aislamiento  le hemos dado muchos nombres a lo largo de la Historia, desde el apartheid, a las murallas y fosos levantados por las viejas ciudades medievales para separar a las comunidades, a los modernos “Banlieues”  depauperados de nuestras modernas ciudades, donde  el estado no llega, esos barrios peligrosos y hostiles que saltaron hace dos años en Francia.

La buena disposición hacia otro ser humano es esa única base que puede hacer vibrar en él la cuerda de la humanidad.  Seremos capaces de hablar de nuestra capacidad de alegría y de admiración, dirigirnos  al sentimiento del misterio que rodea nuestras vidas, a nuestro sentido de la piedad, de la belleza y del dolor, al sentimiento que nos vincula con toda la creación; y a la convicción sutil pero invencible, de la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones, a esa solidaridad en los sueños en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor que relaciona cada hombre con su prójimo y mancomuna toda la humanidad. Así nos lo recuerda Kapuscinski desde las palabras Joseph Conrad. Lo contrario es la indifernencia hacia el Otro, una indifernecia que conduce a la barbarie de los totalitarismos, una indiferencia que lleva a Auschwitz, tal y como nos recuerda Lévinas. Pero Lévinas no se detiene en la indiferencia de ese anonimato amparado en nuestras sociedades de masas sino que nos invita a mirar, nos plantea el encuentro como la mayor vivencia, la experiencia humana capital. Nos dice que no sólo debemos encontrarnos con él sino acogerlo, responsabilizarnos de él.

Las fotografías de UTK, Jesús Ángel Sánchez, nos acercan a ese otro y nos interrogan sobre la opción que cada uno de nosotros ha escogido,…. ¿Nos  hemos atrincherado? ¿Nos hemos dejado llevar por el violento rechazo? ¿Hemos dado una oportunidad a ese conocimiento del Otro?.

La interrogación está en el fundamento de las fotografías de UTK que retrata al Otro no sólo en su acepción de ajeno, sino también en una acepción más terrible, la de sobra, de deshecho, de marginal…. la de aquello que nuestra sociedad deja al margen. Y para ello arranca con la desoladora afirmación de Primo Levy sobre las dos clases de hombres, la de los hundidos y la de los salvados. La mayor parte de nosotros nos consideramos salvados y miramos con displicente indiferencia a los hundidos, los miramos como si se tratara, efectivamente, de otra clase de hombres.

Resulta esclarecedor el encuadre de UTK que más que recortar la realidad la amplía, me  honra conocerle, compartir proyectos comunes y alguna conversación a medias….  confío en que su obra sirva para hacernos  reflexionar. Podéis consultar su obra Nos…. (Otros)  en este enlace, y conocer mejor lo que hace en la referenia a sus páginas web  en el margen de este blog.

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2 + 2 = 5

On 03/01/2009, in Crítica y Reflexión, by David

Estamos bastante a la intemperie en estos “regímenes de verdad” que vivimos. A veces resulta complicado salir de esta pesadilla tipo 1984 que tan bien retrató Orwell. En la novela de Orwell el Ministerio de la Verdad se ocupaba de gestionar la mentira pública,  dando nuevo sentido a las palabras, borrando el pasado y volviéndolo […]

Estamos bastante a la intemperie en estos “regímenes de verdad” que vivimos. A veces resulta complicado salir de esta pesadilla tipo 1984 que tan bien retrató Orwell. 1984En la novela de Orwell el Ministerio de la Verdad se ocupaba de gestionar la mentira pública,  dando nuevo sentido a las palabras, borrando el pasado y volviéndolo a reconstruir con relatos convenientes a los intereses del momento. Quizás quienes nos dedicamos a la Historia tengamos especial sensibilidad a estos cambios, en buena medida nuestro trabajo pasa por descubrir y explicar esa trama que vertebra todas las sociedad humanas.

Los nombres no cambian la esencia de las cosas …. ¿o sí?. Parece evidente que hay diferencias entre un Ministerio de la Guerra y un Ministerio de Defensa, entre una “guerra” y un “conflicto armado”.  A menudo tenemos la sensación de que las guerras se libran en los diccionarios.  Mis alumnos de cuarto saben de qué modo tan distinto formulaban el “derecho a la vida” los jacobinos o los girondinos, si ese “derecho a la vida” pasaba por el mero derecho a no ser asesinado  o incluía el derecho a que no dejaran a ningún ciudadano “morir de hambre”. Sin duda ambos defendían el derecho a la vida…… pero tan diferente. Hay que estar muy atentos a los significados pues a menudo hablamos de cosas muy diferentes, nos presentan con la brillante etiqueta de la virtud o de la libertad, el vicio o la esclavitud y la violencia como justicia. Esa labor la hacemos nosotros de manera imperceptible, cada cual le da un significado a las palabras, evidentemente es un significado compartido por una generalidad, posiblemente heredado de un grupo humano, de los conceptos que ha aprendido en la familia, en la escuela, en los medios de comunicación. Nuestro trabajo, si queremos ser dueños de nuestras propias palabras, es definir que entendemos cuando hablamos de libertad, de persona, de vida, cuales son las virtudes que apreciamos y qué vicios nos resultan intolerables. Así construimos nuestras ideas….. podemos hacerlo por nosotros mismos…… o esperar a que otros lo hagan por nosotros (es más fácil, sin duda…. pero no sé que me da).

Lamentablemente las palabras no tienen sentidos unívocos. Todo lector de un ensayo de ciencias sociales ha de leer con atención la introducción y esos primeros capítulos en los que el autor da sentido a los conceptos que va a utilizar. A partir de ahí, la tesis es comprensible, si obviamos estas aclaraciones podemos llegar a falsas conclusiones. Otros textos sin embargo no necesitan  de tales precisiones,  quien los escribe o dónde están escritos nos da una idea perfecta de qué sentido tienen las palabras que utilizan.  Esto lo hacemos de manera imperceptible, automática, las palabras tienen sentidos distintos en las diferentes situaciones, por sus interlocutores, por el tiempo en el que son pronunciadas, por el espacio en el que están escritas……  Cuando lo hacemos mal el error nos lleva a malentendidos, la comunicación se fragmenta, se hace ininteligible. 

Nosotros en la escuela podemos aclarar el sentido de algunas palabras en algunos momentos históricos, podemos precisar conceptos, pero sobre todo debemos provocar esa duda que nos lleva a avanzar  cuestionando nuestras ideas y las de otros para que cada uno de nosotros edifique su propio pensamiento y encuentre razones para sus concepciones y sus ideas.  Unas ideas que tienen consecuencias, puede parecer que nuestras acciones o nuestras silencios son irrelevantes, pero las sociedades se sostienen sobre esos acuerdos, sobre nuestros silencios, sobre la aceptación como válidas y deseables de ideas y concepciones que justifican nuestro presente o que lo impugnan. Participamos o estamos al margen, pero estar al margen es en sí una decisión que tiene su enjundia.

Podemos pensar que el debate no nos afecta, podemos creer que la realidad no nos toca, pero en el uso y el significado que damos a las palabras, el manejo que hacemos de las ideas, nuestros silencios o nuestras acciones edificamos esa realidad que tantas veces entendemos como ajena. Quizás creamos que en nuestro pequeño mundo, entre “los nuestros” esos debates no tienen sentido. Sospecho que pensar de ese modo no es sino  una de las consecuencias de ese régimen de verdad al que nos referimos. 

En 2+2=5 Radiohead construye una metáfora de ese apartamiento, de ese refugio en nuestra privacidad que nos hace llegar a pensar que en la intimidad de nuestros hogares la realidad no llega. Que todo aquello que detestamos ha quedado fuera y va a estrellarse en las paredes de nuestras casas.  Una llamada de atención sobre ese no querer enterarnos de los que pasa y también la certeza de que nuestra capacidad de intervención es muy limitada. Quizás en demasiadas ocasiones no podamos hacer gran cosa pero desde luego no aducir en nuestro favor la ignorancia. Hoy en día en nuestro ámbito la ignorancia es dolosa. 

Para el que se sienta interesado por esa fabulosa novela de Orwell aquí la puede leer entera en pdf: 1984 

Feliz año nuevo

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Memoria Passionis

On 25/08/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán […]

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán del conocimiento en estado puro que la escuela administra.

La escuela pretende salvarnos a través de la cultura, parte de un principio que quizás debamos considerar de modo más cuidadoso, el que vincula progreso cultural y progreso ético. La escuela tal y como la conocemos es hija de las revoluciones liberales de principios del siglo XIX y nació con tan altos propósitos salvíficos. Si hasta entonces la Iglesia se había encargado de salvar almas sería a partir de entonces el estado, a través de la escuela, el encargado de salvar nuestros cuerpos. La construcción de la ciudadanía moderna es un camino interesante de transitar y descubrir la participación de la escuela en esa construcción es esencial, en especial si uno se dedica a esto de enseñar.

Desde luego el recorrido es paradójico, la escuela ha ejercido su misión salvadora a despecho incluso de sus salvados. Resulta instructivo  profundizar en esas paradojas de la escolarización, nos ayudan a tener perspectiva sobre las razones profundas de lo que ocurre en las aulas y lo que sucede en las cabezas de los alumnos y los profesores. Podemos seguir este discurso en algunos títulos que nos señalan algunas taras que conviene advertir, sino corremos el riesgo de creernos nuestras propias tonterías….. y eso sí que sería patético. Raimundo Cuesta lo  hizo muy acertadamente en Felices y Escolarizados, advirtiéndonos sobre este control de mentes y cuerpos que la modernidad instituye a través de instituciones como la Escuela.

En cuanto a la correlación entre progreso cultural (ese que justifica a escuela) y progreso etico. Me gustaría poder pensar otra cosa, pero lamentablemente poseer una alta cultura y ser moralmente perverso no está reñido. Cuidado, que no tener esa cultura y serlo tampoco está relacionado, más bien parece que son cosas diferentes. Honrados y cultos padres de familia acariciaban las rubias cabezas de sus hijos antes de salir de casa y después de desayunar escuchando un disco de Bach o cualquier otro gran compositor clásico, se entregaban con burocrática frialdad a la tarea de servir los seis mil cuerpos que las cámaras de gas de Auschwitz devoraban cada día.

En 1962 era ejecutado Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis y cumplidor funcionario que había logrado que los trenes que llevaban a los judíos hacia los campos de exterminio llegasen puntuales a sus fatales destinos hasta poco antes del final de la 2ª Guerra Mundial. La captura por los servicios secretos israelíes de Eichmann, su posterior juicio y ejecución provocaron en Hannah Arendt, una de las principales pensadoras de origen judío del siglo XX,  una reflexión sobre la naturaleza de los actos que llevaron a Eichmann a la horca. Hannah Arendt utilizó en “Eichmann en Jerusalen: Un estudio sobre la banalidad del mal” la propia línea de defensa seguida por el oficial nazi, que consideraba que no había hecho otra cosa que cumplir órdenes. Arendt se sorprendía de la mediocridad de un individuo sobre el que pesaban crímenes tan horrorosos, pero del mismo modo se sorprendía de cómo la maldad extrema no precisaba de individuos enloquecidos, atroces pervertidos o agudos criminales. Bastaba un estado organizado burocráticamente y una jerarquía sólidamente establecida para llevar a cabo las mayores barbaridades de forma efectiva y sin que la culpa ensombreciese la conciencia de sus ejecutores.

Animado por la lectura de Arendt y su propia reflexión sobre el caso Eichmann, un sociólogo norteamericano, Stanley Milgram, profundizó en las tenebrosas sombras de la obediencia y las jerarquías con un estudio que provocó un aluvión de reacciones en contra. Su “Obediencia a la autoridad:  Un punto de vista experimental”  pudo apoyarse en experiencias coetáneas como la matanza de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnan.  La cuestión que nos plantea Milgram es cómo “La persona que siente, por convicción interna, repugnancia por el robo o por el crimen o por una agresión cualquiera, puede de hecho lleva acabo todas estas acciones con una relativa facilidad, una vez que le son ordenadas por la autoridad” .

Antes que él uno de los grandes denunciadores de la barbarie, George Orwell, había escrito mientras Londres era bombardeada “En el momento en que escribo estas líneas, seres humanos altamente civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme. No tienen sentimiento alguno de enemistad contra mi como individuo, ni tampoco lo tengo yo contra ellos. Como se dice, no hacen otra cosa que ‘cumplir con su deber’. la mayor parte de ellos, estoy plenamente convencido, son personas de buenos sentimientos, cumplidoras de la ley, que jamás soñarían en sus vidas privadas con cometer un asesinato. Por otra parte, si consigue uno de ellos hacerme saltar en pedazos con una bomba bien colocada, no por ello dejará de dormir tranquilamente”. Cuantas veces hemos podido ver después eso que Orwell nos relata, el frío cumplimiento de las órdenes más terribles e inhumanas en nombre del deber, en nombre de un país o de una idea. Pero las consecuencias son “reales”, el sufrimiento que provocan, individual.

Zygmunt Bauman, uno de los más lúcidos intérpretes de la modernidad plantea en “Modernidad y Holocausto” que en la realidad de los campos de concentración descubrimos un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro que nos cuesta reconocer como propio, pero el Holocausto, fue como bien dice, un producto de la racionalidad moderna, fue el resultado de rutinarios procedimientos burocráticos, de cálculos de eficiencia. Fue el esforzado empeño de dar “soluciones racionales” a “problemas” que se iban planteando a medida que cambiaban las circunstancias. Como nos advertía Arandt y nos señalaba Milgram, la mayora parte de los autores del genocidio fueron personas normales que pasarían tranquilamente por cualquier cedazo psiquiatrico por tupido que este fuera. Y es que Bauman, que utiliza el estudio de Milgram como base, considera que la mediación intrínseca a toda burocracia, provoca esa perversa invisibilidad moral.

Los más aterrador, no es que sepamos lo que ocurrió, el alcance del horror organizado por los nazis, sino la idea de que nosotros podríamos también haberlo hecho. Hay quienes, como Reyes Mate, destacan la excepcionalidad de Auschwitz pero no faltan quienes sin negar esa excepcionalidad, rastrean un modo de proceder que se ha repetido a lo largo de todo el siglo XX en diferentes persecuciones y matanzas.  En sociedades  que habían tenido un acceso generalizado a la cultura, en sociedades que podían llamarse sin ambages modernas.

Nos dice I. Kertesz en “Un instante de silencio ante el paredón” que no comprendemos que aquello haya podido suceder porque nos negamos a reconocer que la barbarie es una posibilidad latente en nuestra manera de vivir. Nos espanta la facilidad con la que los regímenes dictatoriales totalitarios disuelven la personalidad autónoma y hacen del ser humano una pieza constituyente, sumisa y perfectamente ajustada del engranaje estatal.

Qué poca efectividad parece tener la cultura, gran excusa y trasunto de la educación, qué poca influencia en nuestra percepción del dolor ajeno, de nuestra posición frente a los semejentes. Quizás podamos explicar estas taras desde la lógica de la propia conservación y la obediencia. Podemos argüir que el mal una vez desatado no puede resitirse. ¿Como explicar sino la impunidad de tantos crímenes? La Guerra Civil española, el Gulag, la matanza de Srebrenika,  o los desaparecidos de Argentina o Chile (ved sobre esto el terrible y esclarecedor artículo del pasado domingo sobre el desaparecido Héctor Germán Oesterheld). Sin embargo el testimonio de los pocos que resistieron demuestra que en definitiva es una elección. Entre pervivir en medio de la barbarie más absoluta y arriesgar nuestra vida oponiéndonos a ella, la mayor parte de nosotros elegimos la primera opción. Quizás por eso la memoria de la barbarie es tan delicada, nos incomoda pensar que posiblemente estaríamos del lado de los verdugos. Por eso la memoria es un asunto tan serio y mueve tanta controversia, por eso las víctimas siguen siendo una y otra vez asesinadas y todo progreso parece excusar ese sacrificio (siempre ajeno).

Advierte Reyes Mate que nuestro tiempo se ha especializado en disimular el lado oscuro de la realidad, en camuflar la muerte, en convertir el dolor humano en artículo indoloro de consumo. Por eso ha podido erigir esa idea de vida libre de sufrimiento, sin embargo la realidad es que el hombre causa y padece dolor e injusticia. Recordar Auschwitz es tanto como reconocer que la pregunta por la felicidad no puede hacerse de espaldas al sufrimiento.

Manuel Reyes Mate ha dedicado buena parte de su obra a esa “memoria passionis”  a esa memoria del sufrimiento, a su valor y la importancia que tiene para la construcción de una alternativa a ese “progreso” moderno que pasa por encima de individuos, grupos sociales y pueblos enteros. Podéis escuchar al propio Reyes Mate desarrollando esta cuestión en una entrevista que concedió a Canal Sur.

Dice Reyes Mate que el sentido de la educación es hacer frente a la barbarie, enseñar a vivir humanamente. Plantea que debe ser la réplica civilizada a la “banalidad del mal” que debe ayudarnos a sospechar de que el hombre vive consciente o inconscientemente con ese mal elemental. Para Mate, el saber es sufrimiento, no porque en el camino del conocimiento el esfuerzo haya de ser constante y porque este esfuerzo suponga sufrir de alguna manera. Sino porque el sabio que se implica en el conocimiento no separa la substancia de la realidad de la experiencia y al estar pegado a la realidad se familiariza con el sufrimiento. Un sufrimiento que no abstrae o disimula, sino que toma como referente de su quehacer. El que sufre no nos pide que le aclaremos la razón de su sufrimiento, clama por la felicidad de la que se le está privando. Ahí radica uno de los errores más comunes de todo conocimiento, parece que saber el nombre de la enfermedad o lo que lo provoca nos sirviera de alivio. Si planteamos que sufrimos una crisis económica o que la economía de nuestro país es ruinosa basta explicar las razones para que respiremos aliviados. La escuela a menudo cae en esta trampa nos dice el nombre de las cosas, pero no nos da herramientas para conocer su calidad, no pretende defendernos de esos males a los que pone nombre (más si cabe si son del pasado y pueden quedar en adorno culturalista)

A veces sospecho y me atormenta la idea de que quienes estamos en esto de la educación enseñamos a obedecer, enseñamos a aceptar la realidad como un hecho invariable, a transigir con la injusticia. Hacemos esa historia  sobre la que nos prevenía Walter Benjamin, la que sirve de conmemoración a los vencedores en vez de recordar a las víctimas. Benjamin nos previne sobre ella pues hay una relación entre la reproducción del mal y el recuerdo de los derechos de los vencidos, si estos derechos prescriben nada impediría que el crimen se perpetuara. Por todo ello Benjamin nos aconseja que busquemos la verdad en la basura de la historia, entre los harapos y los escombros de la moderna civilización.

Recoge Reyes mate la cita de unas palabras que en su última conversación Marcuse le dirigió a Habermas

“¿Sabes? Ya sé donde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentimiento del sufrimiento de los demás”

Cuando dejamos esa compasión al margen nos deshumanizamos, cuando preferimos el olvido del sufrimiento pasado cumplimos con el dictado de quienes levantaron los campos de concentración, pues su propósito no era sólo construir una gigantesca fábrica de muerte, sino sobre todo, un proyecto de olvido, la negación del crimen dentro del crimen.

A todo esto he dedicado el verano. La verdad es que fundamentalmente a estas lecturas y reflexiones, en ellas sigo y seguiré por mucho tiempo. Han sido mis principales lecturas, he dejado su referencia para el último momento porque me tenían demasiado absorbido como para resumiroslas aquí en un momento.

Para terminar permitidme que ponga banda sonora a este artículo, se trata del tercer movimiento del String Quartet nº 3 de Dimitri Shostakovich,  con él en los oídos escribo.

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Encuentro con el Otro

On 18/08/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Ya es antiguo el título que encabeza este post y que pertenece a un libro del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski publicado en el año 2007. Podéis acercaros al espíritu de este maestro del periodismo y maravilloso escritor, premio Príncipe de Asturias 2003, en algunas entrevistas como ésta  de la revista Letras Libres o […]

Ya es antiguo el título que encabeza este post y que pertenece a un libro del escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski publicado en el año 2007. Podéis acercaros al espíritu de este maestro del periodismo y maravilloso escritor, premio Príncipe de Asturias 2003, en algunas entrevistas como ésta  de la revista Letras Libres o mejor incluso en esta colección de artículos propios y a propósito de él en El País, donde podréis leer la necrológica publicada a su muerte, algunas reseñas sobre sus libros y una selección de os artículos que escribió para este periódico. Os sugiero, por ejemplo éste dedicado a Herodoto en la Guerra que fue el origen de mi afición a Kapuscinski.

Herodoto no describía el mundo como hacían los filósofos presocráticos, partiendo de su propio pensamiento, sino que contaba lo que había visto y oído en sus viajes. Su filosofía consistía en que hay que moverse y descubrir ideas nuevas. Estaba convencido de que las culturas se mezclan y que, incluso cuando hay un conflicto, no tiene por qué ser un aniquilamiento. Herodoto polemiza con sus compatriotas, demuestra y prueba, por ejemplo, que los griegos, sin la cultura egipcia, no serían nada. Ninguna civilización existe de forma aislada: hay una interacción constante. Es un cronista y, al mismo tiempo, un patriota griego. Pero nunca emite una palabra de odio. Nunca usa términos como enemigo o aniquilamiento. El lenguaje del odio no tiene lugar en sus escritos. Escoge palabras dramáticas, que sirven para mostrar la desgracia humana dentro del conflicto. Lo que más le importa es destacar las razones de las dos partes. No juzga, da a los lectores las facultades y los materiales necesarios para formarse su propia opinión. Muchas veces, más que de cronista, tiene actitud de estudioso: después de narrar, se hace preguntas.

En el libro que da título a este post “El encuentro con el Otro” abunda en la misma idea que aquí destaca en la obra de Herodoto , la necesidad que el hombre tiene de otra mirada en la que reconocerse. Kapuscinski se apoya en su propia experiencia, la que le hace ver que en sus viajes y en su trabajo de periodista la experiencia fundamental han sido siempre el encuentro con el Otro. Ese encuentro que fundamenta el conocimiento sobre uno mismo para Herodoto es para Kapuscinski la experiencia básica de nuestra especie. Kapuscinski se inspira en el filósofo Emmanuel Levinas para quien el encuentro con el otro es el acontecimiento, la llave que nos abre el más amplio de los horizontes. Para Levinas en ese encuentro reside la  esencia del ser humano y el fundamento de toda filosofía que ha de ser sobre todo ética y por lo tanto responder a nuestra relación con ese Otro al que estoy vinculado, sobre el “que soy responsable”. Tal es la relación que nos hace humanos pues para Levinas uno no nace hombre, la  humanidad deviene nos hacemos humanos en ese encuentro con el Otro.

La carga ética que para Levinas y por ende para Kapuscinski tiene ese encuentro es evidente. Kapusinski nos habla de cómo las relaciones humanas, a pesar de la opinión generalizada son por lo general amistosas, de colaboración, de curiosidad, de apertura. Es cierto que el conflicto existe y por supuesto el conflicto violento, la guerra, el enfrentamiento. Pero no es menos cierto que la mayor parte de los encuentros son mucho más amistosos. El peso que el comercio, el viaje, la curiosidad, el contacto amistoso o la hospitalidad han sido mucho más importantes que lo que se deduce de cualquier manual escolar de historia donde el peso de la guerra se hace a veces para alguno de los que transitamos por ellos francamente intolerable. Kapuscinski nos refiere como en la guerra de Liberia fue testigo de los violentos enfrentamientos que sostenían las tropas gubernamentales y los rebeldes teniendo como frontera un río. De una orilla a la otra el día transcurría entre el tableteo de las armas de una y  otra orilla. Las orillas se mantenían unidas por un puente que al acabar el día se abría a los contendientes que cruzaban desarmados al otro lado para acudir a un mercado que se instalaba en el lado gubernamental.  Por encima del enfrentamiento el intercambio, la relación comercial, el intercambio de mensajes, de cartas de recuerdos a los familiares que habían quedado al otro lado de la frontera. La mirada de viajero de Kapuscinski es lúcida y enriquecedora, su relación con las poblaciones que visita, su vivir en medio de y no enfrente de son una lección ética y de vida.

Sobre el encuentro con el otro, Herodoto, la hospitalidad y todo aquello que nos hace humanos una película nos puede servir de nexo de unión: “El paciente inglés” (1996) de Anthony Minghella. El protagonista lleva siempre La Historia de Herodoto en el mano, de la que se lee algún fragmento en la película, es una historia de encuentros y cómo esos encuentros nos cambian la vida, o si preferís, como esos encuentros dan sentido a nuestra vida y es una película sobre los efectos de la guerra en el alma de las personas.

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Esas víctimas

On 11/07/2008, in Crítica y Reflexión, by David

El verano no es sólo un espacio para la holganza lo es también para la tragedia y para pensar sobre la misma.  En ciencias sociales hablamos a menudo de migraciones, como fenómeno geográfico, un concepto que contribuye a nuestro conocimiento sobre el movimiento de la población. Somos capaces de definir las migraciones por origen y […]

El verano no es sólo un espacio para la holganza lo es también para la tragedia y para pensar sobre la misma.  En ciencias sociales hablamos a menudo de migraciones, como fenómeno geográfico, un concepto que contribuye a nuestro conocimiento sobre el movimiento de la población. Somos capaces de definir las migraciones por origen y destino, por el tiempo que ocupan, por la esperanza de volver de quienes emigran. Podemos pensar en las consecuencias que las migraciones tienen en los países de destino, la huella que dejan en los países de origen, los cambios sociales y culturales que en ocasiones animan e incluso en la percepción que sobre el fenómeno tienen las poblaciones que reciben esos flujos de inmigración.  Sin embargo convendría hacer una biografía del emigrante, verlo como individuo, no como parte de un fenómeno. A todos nos molesta infinito cuando tratan de reconocernos en una clasificación, “vosotros los jóvenes… ya se sabe”, “claro como los de tu pueblo son tan brutos….”, ya sea para tratarnos como si fuéramos pobrecitos o para justificar nuestras acciones…. o las ajenas.  Tras cada persona hay una biografía, nos unen similares emociones, padecemos idénticas enfermedades y las desgracias nos arrasan a todos de idéntica manera. Perder un hijo o a un familiar cercano, sentirse traicionado por alguien, enamorarse, sentir miedo ante el futuro o temer el rechazo ajeno nos afecta a todos de similar manera como seres humanos que somos.

Millones de personas han nacido en lugares donde nacer es una trágica equivocación. Donde nacer no significa comenzar nada pues nada puede ser allí comenzado. La mirada de las madres sobre esos hijos que sostienen en los brazos, inanes por el hambre o las enfermedades. Que no parecen buscar una salida, que esperan, que confían en que algo cambie o que pase para siempre. Esa inmovilidad que vemos en los mendigos que se acuestan en los quicios de los portales, que observamos en los enfermos, en los deprimidos. Esa inmovilidad es el mal mismo, es la asunción de una rendición, de la imposibilidad de hacer y para muchos de la imposibilidad de ser.

El verano trae a nuestras costas a cientos de hombres y mujeres que no se resignaron a esperar en el quicio a que la muerte se los lleve. Hombre y mujeres que no quieren esperar, que quieren cruzar ese umbral en el que otros esperan un cambio imposible, hombres y mujeres que quieren saltar el muro de miseria que les rodea.  Pero no penséis en ellos como parte de un fenómeno político, social o económico concreto o sólo entenderéis el problema en parte.

Las causas de la miseria son complejas, no quiero detenerme hoy en ellas, sino en sus víctimas. Y es que la miseria no me interesa como concepto económico, ni siquiera enriquecido con todas sus connotaciones sociales y políticas, me interesa la miseria como devoradora de personas. La miseria destruye sus vidas por completo, anula sus potencialidades, los arroja a los márgenes de la historia, una  historia que nunca será contada o si lo hace lo será en términos tan desapasionados y fríos que nos harán dudar de si hablamos de personas o de manzanas. Cada vida es  una vida y es la vida de alguien…. no tiene más que esa.

La insoportable injusticia de la pobreza, la guerra y la desigualdad nos hacen reflexionar.Nuestro mundo las oculta, las coloca en los márgenes, en los de las ciudades, en los de los continentes, las esconde debajo de la alfombra. De vez en cuando alguna se hace visible, cuando la tragedia es especialmente terrible, cuando alguna organización cuenta los muertos, los marginados o los desheredados. El resto del tiempo vivimos ajenos a ese dolor al que nos hemos acostumbrado y que no sentimos. A veces incluso hay quien culpabiliza a la propia víctima de su situación. “Algo habrá hecho”. O habrá dejado de hacer…..  La pobreza no admite tan simples justificaciones. Hay un trabajo interesantísimo realizado por el Banco Mundial en el que se recoge la percepción de la pobreza que tienen quienes viven en ella, se titula Voces de los Pobres (el que os enlazo es el correspondiente a Perú). Además de infinidad de datos socioeconómicos sobre las causas de la miseria el trabajo tiene como objeto principal recoger la idea que los individuos tienen de su situación, su pensamiento sobre sus causas, las reflexiones que hacen sobre las consecuencias de su terrible situación. Pero especialmente doloroso resulta leerles cuando hablan del modo en el que se sienten tratados, las diversas formas de humillación que reciben. Las miradas que no quieren cruzarse, los espacios reservados, la hostilidad de las autoridades… la sospecha que muchas personas les dirigen:  “El pobre te puede robar, te puede hacer daño….. está sucio, tiene enfermedades…. no conviene acercarse a él”. Pero ese pobre es una persona y siente ese desdén y esa sospecha y esa hostilidad como la última de las humillaciones. Leer ese informe os aseguro que es demoledor. La falta de esperanza que destila, esa inmovilidad de la madre con el niño en brazos. Esa mirada que nosotros proyectamos a través de la fotografía no es sólo una observación, es una bofetada, es un escándalo, es una interpelación a hacer, a pensar qué hacemos. A definir nuestra responsabilidad y a asumirla. Al menos a pensar que no vivimos en el mundo perfecto

Una canción hermosa  de Yossou N’Dour y Neneh Cherry  “7 seconds” nos explica como al nacer hay siete segundos mágicos en los que quien nace no sabe nada de su condición, sólo nace, se abre a la vida, después de esos siete segundos todo cambia. Sus circunstancias, su raza, el lugar donde ha nacido, su tiempo…. pesarán más que el hecho de ser, que el milagro de estar aquí. (Esta es la versión en directo de Yossou N’Dour acompañado de Zazie)

La letra la tenéis aquí:  7-seconds (traducida)

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J’etais là (yo estaba allí)

On 02/07/2008, in Crítica y Reflexión, by David

No estamos solos, por más que nos empeñemos en pensar de ese modo. Nuestros actos tienen efectos, lo que hacemos o dejamos de hacer nos involucra, aun sin quererlo. Nos hace tomar partido, aun haciéndolo de manera inadvertida. Como no estamos solos, nuestros actos influyen en los que nos rodean y a través de ello […]

No estamos solos, por más que nos empeñemos en pensar de ese modo. Nuestros actos tienen efectos, lo que hacemos o dejamos de hacer nos involucra, aun sin quererlo. Nos hace tomar partido, aun haciéndolo de manera inadvertida. Como no estamos solos, nuestros actos influyen en los que nos rodean y a través de ello en todo el mundo, en nuestro espacio. Nuestra actitud, nuestras acciones y nuestros silencios construyen espacios y realidades que compartimos con otros, queramos entenderlo o no, es así. Ninguno de nosotros vivimos en una isla, nuestra familia, nuestros amigos, quienes se cruzan con nosotros sufren o disfrutan nuestra compañía. Por otro lado nuestra familia, nuestros amigos, aquellos que nos rodean están involucrados en nuestra vida, en grados que a menudo no llegamos a entender. Por eso el hacernos, el construirnos como personas va más allá de nuestro propio interés, contribuye a mejorar (o a empeorar) la vida de los que nos rodean.

Merced a uno de esos roces, y es que la amistad a menudo no es más que eso, un rozar, un compartir algo que nos hace felices con el prójimo con la esperanza de que lo disfrute como nosotros, he descubierto a una artista y una canción que me ha hecho volver sobre lecturas y pensamientos antiguos. La canción habla de la responsabilidad que tenemos como personas, del modo en que nos afectan o el modo en el que esquivamos nuestras responsabilidades, nuestros encuentros, el mundo en el que vivimos. Nos habla del modo en el que lo que ocurre a nuestro lado nos compete y el modo en el que a menudo esquivamos esa responsabilidad. Pero también de cómo ese no querer ver nos persigue. Es una canción un tanto desgarrada de una cantante francesa llamada Zazie. Os cuelgo el video y os pongo debajo la canción y su traducción, es dura, pero la escucho y me reconozco en ella.

La traducción es gentileza de una amiga, aunque sólo lo sea por compartir esta canción.

J\’etais là – Zazie

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Fernando Savater y Los santos terribles

On 01/07/2008, in Crítica y Reflexión, by David

No me he podido resistir a traeros al blog el último artículo publicado por el filósofo Fernando Savater en el diario El País de hoy. Dos razones me han impedido resistirme. La primera es la propia naturaleza del artículo, como una invitación a la lectura. Un artículo que es una colección de referencias librescas que […]

No me he podido resistir a traeros al blog el último artículo publicado por el filósofo Fernando Savater en el diario El País de hoy. Dos razones me han impedido resistirme. La primera es la propia naturaleza del artículo, como una invitación a la lectura. Un artículo que es una colección de referencias librescas que nos permiten acercarnos a algunas de las fuentes que han llevado al autor a pensar del modo que lo hace.  La segunda razón que me lleva a enlazaros el artículo es su temática. Bajo ese epígrafe de “Los santos terribles” nos habla Savater de aquellos hombres que a lo largo de la historia han descubierto una verdad,  han planteado una idea y la han sentido con una fuerza tan extrema que les ha llevado a sufrir el desprecio más absoluto de su sociedad sin inmutarse. Comienza con la descripción que Celso (un autor romano) daba de los cristianos, una descripción que destila incomprensión por una actitud que el latino entiende como radical o incluso histérica. Sin embargo, esa misma seguridad que los protege del desprecio del prójimo parece estar detrás de la violencia que desatan cuando están en disposición, armados de esa fe inquebrantable,  de transformar la sociedad, de hacer volar tradiciones y subvertir las jerarquías establecidas. Para Savater el misterio está precisamente en ese pequeño salto que va desde los ideales que sin escrúpulos tratan de fraguar sus propuestas a sangre y fuego, a la falta absoluta de escrúpulos sin atisbo de ideologías.

El ser humano ha hecho de las ideologías la excusa perfecta para arrollar a otros hombres, por esa razón Savater nos habla de ese ensayo Crítica de las ideologías (Taurus), de Rafael del Águila, de subtítulo más expresivo, El peligro de los ideales. Un libro en el que se repasan los principales absolutismos ideológicos que siguen amenazándonos, tanto estrictamente políticos como político-religiosos, absolutismos que en común tienen precisamente ese pasar por encima de los individuos en aras de un ideal. Al final, como Stephan Zweig nos recuerda en su magistral Castellio contra Calvino, quien mata a un hombre no mata una idea, mata a un hombre. En esa magistral sentencia atribuida a Castelio, se recogía el sinsentido absoluto de aniquilar al que se creía equivocado, al que se entendía por sus ideas distintas como hostil. En el caso de Castellio era Miguel Servet, condenado a la hoguera por Calvino.  Nos advierte Savater sobre “el veneno, en transformar en grandes enemigos a cuantos no comparten nuestra fe en la llegada del paraíso”. Quizás convenga revisar esa idea de progreso elevada sobre el sacrificio de tantos individuos, la tentación de excusar los crímenes en aras de salvaciones ideológicas, de paraísos soñados. Leed y sacad vuestras propias conclusiones.

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Japón

On 27/06/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Poca historia y poca geografía sabemos de uno de los países más influyentes en la economía e incluso en la cultura contemporánea, no olvidéis que buena parte de nuestros cachivaches habituales han sido diseñados allí, que es la patria del Manga y de Godzilla y que nuestra vida sería a buen seguro mucho más aburrida […]

Poca historia y poca geografía sabemos de uno de los países más influyentes en la economía e incluso en la cultura contemporánea, no olvidéis que buena parte de nuestros cachivaches habituales han sido diseñados allí, que es la patria del Manga y de Godzilla y que nuestra vida sería a buen seguro mucho más aburrida sin inventos como la Wii, la PS y la multitud de juegos de ordenador que tienen su origen en esas islas lejanas del pacífico.  Hoy os traigo Japón al blog para que observéis algunas cosas, en primer lugar hasta donde nos puede llevar la curiosidad y la sed de conocimiento, en segundo para que entendáis lo relativo de algunas de nuestras categorías (por ejemplo el color) y en tercero para que comprendáis la importancia que tiene para cualquier individuo vivir en una sociedad cuidadosa y muy mirada con los detalles. Os invito a hacerlo a través de uno de los blogs más interesantes que hay por ahí. Kirai: Un geek en Japón . El post sobre el color de los semáforos en Japón nos ayuda a entender algunas cosas sobre el japones y sobre cuan relativos son a veces los conceptos. El post sobre la japonesa que cuida un pequeño espacio urbano, nos plantea la importancia de mimar los detalles, de cuan importante es hacer del lugar en el que vivimos un sitio agradable (pensad si vuestra clase lo es).  Y si curioseáis en el espacio que el autor del blog dedica a sí mismo veréis cuan lejos nos lleva la curiosidad, la creatividad y las ganas de dejar este mundo en mejor estado del que tenía cuando nos lo encontramos.  Pensad con quien estáis, si con los que construyen, normalmente más hábiles e inteligentes o con quienes se esfuerzan en destruir lo que encuentran, como reflejo de su propia autodestrucción.  De paso aprended algo sobre Japón como yo lo he hecho leyéndolo. O como el autor lo hace, mucho mejor, viajando. Quizás viajar sea una de las más amenas e intensas formas de aprender.

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Vacaciones, viajar, ver, vivir

On 26/06/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Lo hemos conseguido. Estamos de vacaciones por fin. Nos asomaremos de nuevo al mar, pasearemos, viajaremos,….. viviremos. Ahora el tiempo es todo nuestro, no nos lo disputa el instituto.  Seguramente se nos harán cortas.  Los proyectos, las visitas, los días de dormir a pierna suelta, la piscina, el mar o las noches infinitas con los […]

Lo hemos conseguido. Estamos de vacaciones por fin. Nos asomaremos de nuevo al mar, pasearemos, viajaremos,….. viviremos. Ahora el tiempo es todo nuestro, no nos lo disputa el instituto.  Seguramente se nos harán cortas.  Los proyectos, las visitas, los días de dormir a pierna suelta, la piscina, el mar o las noches infinitas con los amigos se nos escurrirán rápidamente entre los dedos. Os deseo a todos unas vacaciones estupendas. Cada cual sabe lo que le conviene. Yo viajaré, charlaré, leeré y trabajaré también, hay mucho que preparar, hay mucho que hacer para el año que viene. Pero descansaré también, aunque sea por el ritmo, más pausado, más sereno.

Para los que habéis sido mis tutelados y tenéis alguna deuda para septiembre, os colgaré en el blog las tareas y los avisos que considere importantes. De todos modos poneros en contacto conmigo a través del correo electrónico para aclarar dudas.

Para mis alumnos de primero, tercero y cuarto a los que he dejado la asignatura para septiembre, lo mismo, os colgaré aquí las tareas para el verano.

Felices vacaciones y un abrazo a todos.

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