Internet entontece y algunas cosas sobre memorizar

On 30/01/2011, in Crítica y Reflexión, by David

Quienes utilizamos internet como herramienta en clase tenemos que justificar a menudo antes colegas, padres y alumnos nuestras convicciones “filiotecnológicas” y romper con las muchas prevenciones que la Red sigue provocando. Internet es una herramienta y como a menudo se recuerda, no es ni mala ni buena ni todo lo contrario, es útil y sirve […]

Quienes utilizamos internet como herramienta en clase tenemos que justificar a menudo antes colegas, padres y alumnos nuestras convicciones “filiotecnológicas” y romper con las muchas prevenciones que la Red sigue provocando. Internet es una herramienta y como a menudo se recuerda, no es ni mala ni buena ni todo lo contrario, es útil y sirve para hacer cosas interesantes y auténticas estupideces, por no decir cosas peores.

Las redes sociales han llevado el cotilleo y la curiosidad malsana a su versión 2.0, pero tanto el cotilleo como la maledicencia o el morboso interés por las vidas ajenas estaban entre nosotros antes del ADSL. Internet recoge una buena cantidad de tonterías pero también recoge interesantes artículos científicos, la mayor parte de la literatura universal que merece ser recordada, estupendas fotografías de los más variados paisajes y paisanajes y una infinita cantidad de referencias cruzadas que invitan a navegar y perderse durante horas y horas.

Y he aquí que hay quien ha visto en ese perderse de enlace en enlace, de vídeo en vídeo y de referencia en referencia, un peligro para nuestra capacidad de organizar nuestro pensamiento, una amenaza para nuestro conocimiento y para nuestra propia formación. El pasado verano se publicó en EEUU el libro “Superficiales” de Nicholas Carr, que plantea que Internet está cambiando nuestra forma de pensar y contribuye a perjudicar algunas de las más reputadas de nuestras capacidades intelectuales, el pensamiento profundo, la memoria o la concentración. La investigación de Carr ha abierto un debate sobre los efectos de las redes en nuestra forma de entender el mundo y sobre qué consecuencias podemos sacar o que prevenciones habremos de tomar para que la información (que en Internet sobreabunda) no acabe por arrumbar al conocimiento (que precisa de una elaboración propia y crítica de la información recibida).

Para quienes estéis interesados en seguir la cuestión, entre ayer y hoy he podido seguir la noticia en El Pais y en Público. Es un principio….., habrá que seguir atentos; para el que quiera rastrear el debate hasta el principio aquí tiene la reseña de The New York Times sobre el libro de Carr. En cualquier caso parece evidente que pasar del texto al hipertexto no puede ser gratuito, tendrá un coste y queda por dilucidar que ganaremos y perderemos en el intercambio.

De todos modos creo que Internet no nos cierra ningún camino y que por el contrario multiplica nuestras oportunidades para conocer. Yo que me confieso furibundo lector de la prensa en línea, de los más variados blogs y que intento poner cierto orden en lo que veo y consulto en la red de cara a mis clases o a mi propia formación, sigo leyendo libros con soltura, revistas con asiduidad y haciendo otras cosas que no hacen de mí un Hikikomori (Enlace de “Dos son multitud”).

Abundando sobre las formas en las que aprendemos y memorizamos, más allá de lo que Internet nos pueda hacer mejorar o perjudicar, me ha resultado también estimulante el artículo de hoy de El País donde se hace eco de un estudio que demuestra que para estudiar es mejor hacer test que repasar. Parece, según sus autores, que los test de preguntas cortas favorecen la memorización sobre otras estrategias como la escritura, la relectura o el diseño de mapas conceptuales.  Roberto Colom, profesor de la Universidad Autónoma, plantea en el mismo artículo que el estudio adolece de una notable falta y es la de comprobar si esa memorización va más allá de un tiempo más o menos inmediato, si se convierte en una memorización a largo plazo. Desde luego el tema tiene importancia, pues se trata de estrategias muy diferentes con objetivos también muy distintos, memorizar para aprobar un examen, o memorizar para poder articular nuevos conocimientos.  Como bien dice muy ecuánime el profesor Colom conviene mezclar estrategias que nos permitan memorizar diéstramente a corto plazo pero también lograr estructurar un conocimiento que vaya más allá de las pruebas examinatorias que padecemos a lo largo de nuestra vida.

Y todo esto navegando por Internet….., no sé si me perjudica, pero desde luego me hace pensar. Volveré a darle unas vueltas a Manuel Castels y leeré el libro de Carr, así combino las dos cosas, lo que leo por la Red y la página impresa.

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Para estudiar

On 01/11/2010, in 1º ESO, 3º ESO, Crítica y Reflexión, by David

Aunque insistimos en todas las clases sobre estas cuestiones, conviene recordarlas y ponerlas por escrito para que nos entendamos todos a la perfección. Los tiempos están cambiando….., eso ocurre desde siempre, el tiempo cambia y nos hace cambiar, pero en educación las cosas han cambiado muy deprisa y parece que muchos no nos damos cuenta. […]

El Roto - (Diario El Pais)

Aunque insistimos en todas las clases sobre estas cuestiones, conviene recordarlas y ponerlas por escrito para que nos entendamos todos a la perfección. Los tiempos están cambiando….., eso ocurre desde siempre, el tiempo cambia y nos hace cambiar, pero en educación las cosas han cambiado muy deprisa y parece que muchos no nos damos cuenta.

Hoy nuestro aprendizaje bebe de fuentes muy distintas. Sabemos más de lo que creemos saber y a menudo nos faltan herramientas para saber relacionar todo eso que conocemos desde antiguo. Hemos visto a lo largo de nuestra vida una cantidad enorme de documentales, de películas de series de televisión que nos hablan de sociedades lejanas, de costumbre extrañas, que nos presentan paisajes exóticos y que nos explican las más variopintas realidades.  La mayor parte de nosotros ha viajado por España y por el extranjero. Tenemos amigos y conocidos de orígenes muy diferentes que nos dan visiones distintas de nuestra realidad. Hemos leído libros, comics y estudiado en multitud de libros de texto, sin saber cómo relacionar todo ese conocimiento. Ese enorme acervo forma parte de la escuela, porque forma parte de nosotros, pero lo tenemos arrumbado en el trastero de nuestros conocimientos inútiles por una mera cuestión de orden.

Ciertamente el conocimiento académico, ese que ofrece la escuela, exige cierta estructuración. Quizás esa sea nuestra principal labor, transmitir categorías y dar significados a toda esa amplísima colección de contenidos que todos atesoramos. Intentar dar cierta coherencia y hacer útiles las muchas cosas que conocemos.

Tenemos que coger las piezas que tenemos y construir algo con ellas, explicar, argumentar, narrar. Dar sentido a lo que sabemos utilizando esas categorías escolares. Debemos leer, utilizar diferentes fuentes y dar sentido a lo que recibimos por diferentes canales. Debemos acostumbrarnos a aprovechar esas diferentes fuentes porque el problema al que nos enfrentamos hoy en día no es el de que nos falten informaciones, sino el de que tenemos tanta información a nuestra disposición que no somos capaces de ordenarla ni de hacer nada con ella.

Así que cuando os pida que leais la wiki (Cronosgeawiki), que miréis otras fuentes, que consultéis ciertos enlaces de internet, que veáis determinados vídeos, que leais algunos artículos del libro de texto, que repaséis vuestros apuntes y que hagáis resúmenes sobre los que podáis estudiar….. hacedlo. Estas son las razones. El libro de texto, los apuntes, la wiki, …. son importantes pero forman un conjunto, no os confundáis y penséis en que con una sola podréis alcanzar los objetivos que tenemos planteados.

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Suspendido

On 14/09/2010, in Crítica y Reflexión, by David

Los exámenes son la forma más habitual de calificar el conocimiento de un individuo. A menudo examinar se entiende por sinónimo de evaluar, simplificación de términos muy común, que lleva a confusiones como la de considerar que el principal modo de evaluar es hacer exámenes. Pero las confusiones sobre los exámenes no terminan aquí. Pues […]

Las notas de Bart

Los exámenes son la forma más habitual de calificar el conocimiento de un individuo. A menudo examinar se entiende por sinónimo de evaluar, simplificación de términos muy común, que lleva a confusiones como la de considerar que el principal modo de evaluar es hacer exámenes.

Pero las confusiones sobre los exámenes no terminan aquí. Pues el examen, originalmente una prueba de excelencia que habilitaba para la práctica de una profesión o para la selección de candidatos para una escala de la administración (las oposiciones); se ha convertido en la escuela en el principal actor del proceso educativo. La justificación de casi todas las decisiones, la excusa para todas las medidas, la prueba del nueve de la valía personal del examinado. En esto el examen escolar le debe mucho a sus orígenes, otorga y niega privilegios, el que pasa de curso, el que es castigado a repetir, quien debe volver a septiembre o el que se hace merecedor de unas vacaciones tras sus buenas notas de junio.

Paradójicamente, las orejas de burro del vencedor, Valentino Rossi

Al examen se le atribuyen virtudes morales, corrige, endereza, nos da a los docentes ese poder que demostramos con amenazas vergonzosas de “poner un examen” o con la vengativa reflexión de “ya veremos luego en el examen…”.  A los niños de primaria se les acostumbra a los exámenes, para que sepan lo que se les viene encima, esa maldición de la ESO donde tendrán “exámenes” y “serán muy difíciles“, una gimnasia examinadora que los padres a veces pedimos….., “es bueno que les exijan“, “así se acostumbran a estudiar“. De nuevo, desvirtuando la idea de evaluación y tornándola en entrenamiento, amenaza o lo que es peor, enseñando un miedo a los exámenes que a muchos al cabo de los años acabará por bloquearlos.

Los nervios

Todos nos hemos puesto nerviosos en los exámenes, todos nos hemos dicho, sé mucho más, lo sé hacer mucho mejor, pero en el examen hemos perdido la serenidad. Y es verdad. Pero no sólo nos crispan, los exámenes obran fabulosos efectos sobres quienes los realizan. Les atribuyen valores que están lejos de poseer, por ejemplo hay a quienes los resultados negativos en los exámenes les convencen de su incapacidad, mientras que a otros el éxito en ellos les confirma el derecho a sentirse herederos del mundo y parte de alguna élite, intelectual, social o económica.

El examen se entiende a menudo como un fracaso o un éxito personal. La prueba irrefutable de nuestra valía. No es extraño por ello que a menudo  las biografías de personajes públicos nos recuerden las hazañas examinadoras de nuestros próceres; quién aprobó la oposición de notario con 23 años, ese diputado que llegó a abogado del estado en plena juventud o ese ministro que terminó con excelentes calificaciones tres carreras a un tiempo.  En esos casos el examen es la ceremonia que habilita para disfrutar un privilegio, el ganar una plaza, el encabezar una lista de aprobados; y sin embargo este carácter opositeril se contagia al examen escolar y suspender se convierte en una tara que compromete nuestro futuro, en el certificado de nuestras virtudes o nuestros vicios.

Tanto es el valor que se le concede que demasiado a menudo los profesores enseñamos a aprobar exámenes en lugar de preocuparnos por el aprendizaje o el gusto por un conocimiento concreto. Cursos enteros, como 2º de Bachillerato, ocupados en transmitir el modo correcto de enfrentarse al “examen de selectividad”,  desgranando una serie de trucos, de rituales y de puntos que conduzcan al neófito al éxito. No es extraño que nuestros alumnos nos pregunten cómo aprobar la asignatura, lo que significa la mayor parte de las veces cómo aprobar nuestros exámenes; y sin embargo jamás nos cuestionen cómo aprender historia o geografía, como dibujar mejor, o cómo hacernos preguntas matemáticas relevantes….., desde luego resulta revelador.

La imagen de la escuela en The Wall - Pink Floyd

Odio los exámenes, he aprobado y suspendido muchos a lo largo de la vida como para darles el valor justo que tienen (sigo suspendiendo exámenes y también sigo aprobando alguno). Sé que abren y cierran puertas pero sé también cuan vaga es la lectura que dan sobre nuestro conocimiento.  Veo cómo con frecuencia, aprueban quienes deben suspender y suspenden los que deberían aprobar, veo en mis alumnos cómo quienes más brillantemente siguen una clase a veces son incapaces de redactar, bajo la presión del tiempo y la responsabilidad de la nota, un folio decente y a derechas.

Vivimos tiempos de gloria para los exámenes, hacemos muchos más exámenes que nuestros abuelos y además nos gloriamos de ello. Por otro lado las autoridades educativas vuelcan sus esfuerzos en una “evaluación” que no es sino una batería de exámenes de estado, más o menos ligeros, con los que jerarquizar, centros, alumnos y talentos, sin más punto de referencia que los resultados de unos problemas o la respuesta de unas preguntas. Hay quienes presumen de colegio por sus muchos exámenes y quien muestra las notas propias o de su centro escolar, como el mejor título de nobleza que pueda imaginarse.

Me inquieta considerar el suspenso como una responsabilidad del alumno en lugar de cómo un fracaso que nos involucra tanto a él como aprendiz como a mí como docente. El aprendizaje es demasiado complejo como para resolver que el fracaso se debe sólo al alumno, resulta tranquilizador hacerlo así, por más que sin duda el trabajo del alumno, su esfuerzo y sus ganas de aprender sean esenciales en el proceso. ¿Hasta donde podemos decir que esas ganas nosotros las fomentamos o las arrasamos? ¿Cómo explicar que los mismos alumnos tengan estupendos resultados en unas asignaturas que un año después con otra metodología o con otro profesor, cosechan espléndidos fracasos? ¿Por qué tendemos a creer que sólo el temor al examen conduce al estudio de una asignatura?.  ¿Por qué en nuestras programaciones la evaluación tiene más de reglas para puntuar y sacar medias, que de estrategia para analizar en profundidad el aprendizaje?.

Insistimos a menudo en la mejora de los sistemas educativos, en esa parte de qué se enseña y el cómo se enseña. A mi juicio hace falta una profunda reflexión sobre qué se evalúa y cómo evaluamos.  Quizás entender eso nos ayudaría mucho más a comprender qué pasa realmente en nuestras clases, quizás nos ayudara a plantearnos que los suspensos son la prueba del nueve, no de la incapacidad de nuestros alumnos, sino de nuestra inutilidad como profesores.  En todo caso supongo que mi resentimiento hacia los exámenes nace del hecho de haber sido mil veces suspendido y que esto que escribo no es sino la mala baba de quien es incapaz de reconocer el éxito “examineril”. Todo puede ser…..  así que de momento me pongo este estupendo “cero en gimnasia” del Sr. Chinarro en un disco cuyo título es un magnífico epílogo para este post “La pena máxima” (¿No es eso un examen?)


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Huéspedes

On 30/05/2010, in 2º BACH Historia España, Crítica y Reflexión, by David

“Somos huéspedes los unos de los otros” Los seres humanos como viajeros nos alojamos en la vida de los demás, enredados en el mismo tiempo, compartimos espacios, experiencias, conversaciones y de esa manera nos llevamos un poco los unos de los otros. Daniel Innerarity se sirvió de esta idea de George Steiner para escribir un precioso libro  ”Ética […]

Úrculo - Equipaje japonés (1999)

“Somos huéspedes los unos de los otros”

Los seres humanos como viajeros nos alojamos en la vida de los demás, enredados en el mismo tiempo, compartimos espacios, experiencias, conversaciones y de esa manera nos llevamos un poco los unos de los otros. Daniel Innerarity se sirvió de esta idea de George Steiner para escribir un precioso libro  ”Ética de la Hospitalidad” al que acudo a menudo, donde me pierdo y donde sobre todo me encuentro. Innerarity daba razón en una entrevista de esa idea de la hospitalidad que le había inspirado Steiner.

“Me impresionó una frase que escuché una vez a Steiner que decía: “Somos huéspedes unos de otros”. Y se me ocurrió que, en el fondo, la sociedad está articulada de esta manera: como una contraprestación de servicios que no sigue los criterios de la estricta reciprocidad. /…/ Me pareció ver que las éticas que nos han explicado, gravitaban fundamentalmente sobre la autonomía, la autodeterminación, la soberanía, la autosuficiencia personal, y, en cambio, dejaban sin considerar aspectos como la vulnerabilidad, la imprevisibilidad, el deseo de reconocimiento.”

Para Steiner, en quien Innerarity se inspiraba, ser huésped significaba “… dejar la casa que has visitado un poco mejor de lo que la encontraste/…/, no todo el mundo quiere ser huésped. La mayoría de la gente quiere tener raíces, como los árboles. Yo quiero tener piernas, que me parecen más interesantes. Con las piernas puedes irte lejos, subir montañas, cruzar la Tierra… Cuando llega una tormenta, el árbol puede caer.”

Nos despedimos en el umbral de un tiempo nuevo y nos marchamos  con la emoción y con la belleza de la graduación de anteayer en el recuerdo. En los adioses, mientras nos abrazarnos reconocemos nuestras deudas,  ese paso los unos por los otros que a todos nos ha transformado.  Hemos vivido bajo el mismo techo, hemos sido huéspedes y eso nos vincula para siempre, allá donde vayamos nos reconoceremos.  Me habéis hecho mejor persona y eso es una deuda que nunca podré corresponder. Muchas gracias por el año compartido.


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Wake up – Despierta

On 21/03/2010, in Crítica y Reflexión, by David

A menudo las metáforas sobre la dominación se amparan en la idea de sueño para referirse a la situación que sufren los dominados. Los dominados duermen, están anestesiados, no se dan cuenta de lo que pasa. El héroe debe por ello sacarlos del sopor y demostrarles que viven en un sueño y que la realidad […]

A menudo las metáforas sobre la dominación se amparan en la idea de sueño para referirse a la situación que sufren los dominados. Los dominados duermen, están anestesiados, no se dan cuenta de lo que pasa. El héroe debe por ello sacarlos del sopor y demostrarles que viven en un sueño y que la realidad les exige actuar. No sorprende por ello que la primera parte de Matrix, esa moderna metáfora del dominio que planteaban los hermanos Wachowsky , terminara con una canción de los Rage Against the machine, que precisamente se titula Wake up (despierta). Los protagonistas debían romper el sueño en el que la perversa Matrix tenía a la humanidad dormida.

En el centro de esa liberación está siempre el conocimiento, hurtado a la mayoría, confundido, apartado, embarullado o disimulado. Esta idea es tan antigua como la alegoría  de la Caverna que Platón relata en La República. La paradoja es que abrirse a esa nueva realidad no es fácil, que cambiar las rutinas mentales o que romper las cadenas de la cueva exige un esfuerzo y una constancia de la que la mayor parte de los seres humanos carecemos. Sobre la riqueza de la metáfora y su relación con Matrix no dejéis de visitar la página de Concepción Pérez García,  Filomatrix, ofrece un interesante análisis filosófico de la película y su relación con Platón.

Hoy en día esa “realidad” a la que aludía el filósofo, esa realidad  que esperaba fuera de la caverna nos rodea, es de una inmensidad desoladora. Tenemos un acceso a la información que dista mucho de estar limitado, está a nuestro alcance y sin embargo la paradoja es que ese conocimiento pasa de largo.

La escuela es una caverna, proyectamos sombras, imágenes de la realidad. Masticamos el conocimiento y lo convertimos en esa suerte de “conocimiento escolar” que a menudo no se explica más que por sí mismo y que no tiene ningún sentido fuera de los estrechos marcos de la clase, de nuestra particular cueva.  La realidad está fuera y el conocimiento también. Pero está a nuestro alcance y he aquí la estupenda oportunidad que nos ofrece el presente. Conviene en ocasiones adaptar, hacer comprensible el complejo discurso de cualquier conocimiento, pero no podemos pretender abarcar esa inmensidad, si acaso hacerla algo más inteligible.

El reto que antes constituía acceder a la información es hoy el de organizarla, ordenarla y reflexionar sobre ella. Sin embargo la mayor parte de las rutinas escolares permanecen ancladas en la transmisión de información, eludiendo el hecho de que la información está ahí y que está alcance de todos. Puedo explicar el Paleolítico con la idea de que en tres semanas lograré sentar las bases de la evolución humana en la cabeza de mis alumnos y sin embargo soy consciente de que la espléndida instalación del Museo de Altamira, consigue mejores efectos en dos horas de visita que yo en 9 horas de clase.

Quizás se hora de reflexionar sobre nuestra labor como docentes y como discentes. Hoy la  labor que nos corresponde como profesores no es ya la de poner la información encima de la mesa. Nuestra labor como alumnos tampoco es la de memorizar acríticamente porciones de ese conocimiento, entre todos debemos  intentar poner orden en el caos y sobre todo que ese conocimiento nos despierte y que el exceso de información no sea una excusa para nuestro adormecimiento.

Ayer leía un interesante artículo de Irene Lozano titulado “Tanta información para nada” publicado en el recién nacido periódico digital “Cuarto Poder”.  La articulista hacía referencia precisamente a la paradoja de que el aumento de los flujos de información no haya supuesto un paralelo aumento de la veracidad de las manifestaciones políticas y periodísticas.  Aludía la autora a una obra esencial para conocer los modernos regímenes de verdad, Simon Blackburn: “La verdad: Guía de Perplejos”, y a la necesidad de manejar información veraz y tener la capacidad crítica suficiente para distinguir.  Ahí nos estamos jugando nuestro futuro individual y nuestro futuro como sociedad, nuestra libertad, esa que el marqués de Condorcet (uno de los inventores de este tinglado de la instrucción), consideraba fin fundamental de la educación pública (entiéndase para toda la sociedad).

No en vano, nuestra Ley Orgánica de Educación en su artículo 2, aludiendo a los fines del sistema educativo ,  recoge en su apartado k)   este ambicioso objetivo: “La preparación para el ejercicio de la ciudadanía y para la participación activa en la vida económica, social y cultural, con actitud crítica y responsable y con capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes de la sociedad del conocimiento.” Por más que los medios de comunicación insistan en los “contenidos”  y en la supuesta falta de conocimiento de las generaciones más jóvenes, creo que nuestro principal fallo reside en no contribuir a ese ejercicio de la ciudadanía activa ni promover la actitud crítica y responsable. Quizás sin pretenderlo estemos contribuyendo al adormecimiento.

Así que lo dicho Wake Up….. esta vez con melodía de Arcade Fire.

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2 + 2 = 5

On 03/01/2009, in Crítica y Reflexión, by David

Estamos bastante a la intemperie en estos “regímenes de verdad” que vivimos. A veces resulta complicado salir de esta pesadilla tipo 1984 que tan bien retrató Orwell. En la novela de Orwell el Ministerio de la Verdad se ocupaba de gestionar la mentira pública,  dando nuevo sentido a las palabras, borrando el pasado y volviéndolo […]

Estamos bastante a la intemperie en estos “regímenes de verdad” que vivimos. A veces resulta complicado salir de esta pesadilla tipo 1984 que tan bien retrató Orwell. 1984En la novela de Orwell el Ministerio de la Verdad se ocupaba de gestionar la mentira pública,  dando nuevo sentido a las palabras, borrando el pasado y volviéndolo a reconstruir con relatos convenientes a los intereses del momento. Quizás quienes nos dedicamos a la Historia tengamos especial sensibilidad a estos cambios, en buena medida nuestro trabajo pasa por descubrir y explicar esa trama que vertebra todas las sociedad humanas.

Los nombres no cambian la esencia de las cosas …. ¿o sí?. Parece evidente que hay diferencias entre un Ministerio de la Guerra y un Ministerio de Defensa, entre una “guerra” y un “conflicto armado”.  A menudo tenemos la sensación de que las guerras se libran en los diccionarios.  Mis alumnos de cuarto saben de qué modo tan distinto formulaban el “derecho a la vida” los jacobinos o los girondinos, si ese “derecho a la vida” pasaba por el mero derecho a no ser asesinado  o incluía el derecho a que no dejaran a ningún ciudadano “morir de hambre”. Sin duda ambos defendían el derecho a la vida…… pero tan diferente. Hay que estar muy atentos a los significados pues a menudo hablamos de cosas muy diferentes, nos presentan con la brillante etiqueta de la virtud o de la libertad, el vicio o la esclavitud y la violencia como justicia. Esa labor la hacemos nosotros de manera imperceptible, cada cual le da un significado a las palabras, evidentemente es un significado compartido por una generalidad, posiblemente heredado de un grupo humano, de los conceptos que ha aprendido en la familia, en la escuela, en los medios de comunicación. Nuestro trabajo, si queremos ser dueños de nuestras propias palabras, es definir que entendemos cuando hablamos de libertad, de persona, de vida, cuales son las virtudes que apreciamos y qué vicios nos resultan intolerables. Así construimos nuestras ideas….. podemos hacerlo por nosotros mismos…… o esperar a que otros lo hagan por nosotros (es más fácil, sin duda…. pero no sé que me da).

Lamentablemente las palabras no tienen sentidos unívocos. Todo lector de un ensayo de ciencias sociales ha de leer con atención la introducción y esos primeros capítulos en los que el autor da sentido a los conceptos que va a utilizar. A partir de ahí, la tesis es comprensible, si obviamos estas aclaraciones podemos llegar a falsas conclusiones. Otros textos sin embargo no necesitan  de tales precisiones,  quien los escribe o dónde están escritos nos da una idea perfecta de qué sentido tienen las palabras que utilizan.  Esto lo hacemos de manera imperceptible, automática, las palabras tienen sentidos distintos en las diferentes situaciones, por sus interlocutores, por el tiempo en el que son pronunciadas, por el espacio en el que están escritas……  Cuando lo hacemos mal el error nos lleva a malentendidos, la comunicación se fragmenta, se hace ininteligible. 

Nosotros en la escuela podemos aclarar el sentido de algunas palabras en algunos momentos históricos, podemos precisar conceptos, pero sobre todo debemos provocar esa duda que nos lleva a avanzar  cuestionando nuestras ideas y las de otros para que cada uno de nosotros edifique su propio pensamiento y encuentre razones para sus concepciones y sus ideas.  Unas ideas que tienen consecuencias, puede parecer que nuestras acciones o nuestras silencios son irrelevantes, pero las sociedades se sostienen sobre esos acuerdos, sobre nuestros silencios, sobre la aceptación como válidas y deseables de ideas y concepciones que justifican nuestro presente o que lo impugnan. Participamos o estamos al margen, pero estar al margen es en sí una decisión que tiene su enjundia.

Podemos pensar que el debate no nos afecta, podemos creer que la realidad no nos toca, pero en el uso y el significado que damos a las palabras, el manejo que hacemos de las ideas, nuestros silencios o nuestras acciones edificamos esa realidad que tantas veces entendemos como ajena. Quizás creamos que en nuestro pequeño mundo, entre “los nuestros” esos debates no tienen sentido. Sospecho que pensar de ese modo no es sino  una de las consecuencias de ese régimen de verdad al que nos referimos. 

En 2+2=5 Radiohead construye una metáfora de ese apartamiento, de ese refugio en nuestra privacidad que nos hace llegar a pensar que en la intimidad de nuestros hogares la realidad no llega. Que todo aquello que detestamos ha quedado fuera y va a estrellarse en las paredes de nuestras casas.  Una llamada de atención sobre ese no querer enterarnos de los que pasa y también la certeza de que nuestra capacidad de intervención es muy limitada. Quizás en demasiadas ocasiones no podamos hacer gran cosa pero desde luego no aducir en nuestro favor la ignorancia. Hoy en día en nuestro ámbito la ignorancia es dolosa. 

Para el que se sienta interesado por esa fabulosa novela de Orwell aquí la puede leer entera en pdf: 1984 

Feliz año nuevo

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Memoria Passionis

On 25/08/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán […]

Poco queda ya para que de nuevo volvamos a las aulas, suframos juntos el encierro ¿necesario? entre las paredes de los institutos y aceptemos el dogal de los horarios establecidos, los espacios controlados y los salvíficos objetivos que nos marcan las tradiciones escolares y sus currículums. Seremos mejores ciudadanos, atentos y sensibles individuos que gozarán del conocimiento en estado puro que la escuela administra.

La escuela pretende salvarnos a través de la cultura, parte de un principio que quizás debamos considerar de modo más cuidadoso, el que vincula progreso cultural y progreso ético. La escuela tal y como la conocemos es hija de las revoluciones liberales de principios del siglo XIX y nació con tan altos propósitos salvíficos. Si hasta entonces la Iglesia se había encargado de salvar almas sería a partir de entonces el estado, a través de la escuela, el encargado de salvar nuestros cuerpos. La construcción de la ciudadanía moderna es un camino interesante de transitar y descubrir la participación de la escuela en esa construcción es esencial, en especial si uno se dedica a esto de enseñar.

Desde luego el recorrido es paradójico, la escuela ha ejercido su misión salvadora a despecho incluso de sus salvados. Resulta instructivo  profundizar en esas paradojas de la escolarización, nos ayudan a tener perspectiva sobre las razones profundas de lo que ocurre en las aulas y lo que sucede en las cabezas de los alumnos y los profesores. Podemos seguir este discurso en algunos títulos que nos señalan algunas taras que conviene advertir, sino corremos el riesgo de creernos nuestras propias tonterías….. y eso sí que sería patético. Raimundo Cuesta lo  hizo muy acertadamente en Felices y Escolarizados, advirtiéndonos sobre este control de mentes y cuerpos que la modernidad instituye a través de instituciones como la Escuela.

En cuanto a la correlación entre progreso cultural (ese que justifica a escuela) y progreso etico. Me gustaría poder pensar otra cosa, pero lamentablemente poseer una alta cultura y ser moralmente perverso no está reñido. Cuidado, que no tener esa cultura y serlo tampoco está relacionado, más bien parece que son cosas diferentes. Honrados y cultos padres de familia acariciaban las rubias cabezas de sus hijos antes de salir de casa y después de desayunar escuchando un disco de Bach o cualquier otro gran compositor clásico, se entregaban con burocrática frialdad a la tarea de servir los seis mil cuerpos que las cámaras de gas de Auschwitz devoraban cada día.

En 1962 era ejecutado Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis y cumplidor funcionario que había logrado que los trenes que llevaban a los judíos hacia los campos de exterminio llegasen puntuales a sus fatales destinos hasta poco antes del final de la 2ª Guerra Mundial. La captura por los servicios secretos israelíes de Eichmann, su posterior juicio y ejecución provocaron en Hannah Arendt, una de las principales pensadoras de origen judío del siglo XX,  una reflexión sobre la naturaleza de los actos que llevaron a Eichmann a la horca. Hannah Arendt utilizó en “Eichmann en Jerusalen: Un estudio sobre la banalidad del mal” la propia línea de defensa seguida por el oficial nazi, que consideraba que no había hecho otra cosa que cumplir órdenes. Arendt se sorprendía de la mediocridad de un individuo sobre el que pesaban crímenes tan horrorosos, pero del mismo modo se sorprendía de cómo la maldad extrema no precisaba de individuos enloquecidos, atroces pervertidos o agudos criminales. Bastaba un estado organizado burocráticamente y una jerarquía sólidamente establecida para llevar a cabo las mayores barbaridades de forma efectiva y sin que la culpa ensombreciese la conciencia de sus ejecutores.

Animado por la lectura de Arendt y su propia reflexión sobre el caso Eichmann, un sociólogo norteamericano, Stanley Milgram, profundizó en las tenebrosas sombras de la obediencia y las jerarquías con un estudio que provocó un aluvión de reacciones en contra. Su “Obediencia a la autoridad:  Un punto de vista experimental”  pudo apoyarse en experiencias coetáneas como la matanza de My Lai perpetrada por soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnan.  La cuestión que nos plantea Milgram es cómo “La persona que siente, por convicción interna, repugnancia por el robo o por el crimen o por una agresión cualquiera, puede de hecho lleva acabo todas estas acciones con una relativa facilidad, una vez que le son ordenadas por la autoridad” .

Antes que él uno de los grandes denunciadores de la barbarie, George Orwell, había escrito mientras Londres era bombardeada “En el momento en que escribo estas líneas, seres humanos altamente civilizados vuelan sobre mi cabeza tratando de matarme. No tienen sentimiento alguno de enemistad contra mi como individuo, ni tampoco lo tengo yo contra ellos. Como se dice, no hacen otra cosa que ‘cumplir con su deber’. la mayor parte de ellos, estoy plenamente convencido, son personas de buenos sentimientos, cumplidoras de la ley, que jamás soñarían en sus vidas privadas con cometer un asesinato. Por otra parte, si consigue uno de ellos hacerme saltar en pedazos con una bomba bien colocada, no por ello dejará de dormir tranquilamente”. Cuantas veces hemos podido ver después eso que Orwell nos relata, el frío cumplimiento de las órdenes más terribles e inhumanas en nombre del deber, en nombre de un país o de una idea. Pero las consecuencias son “reales”, el sufrimiento que provocan, individual.

Zygmunt Bauman, uno de los más lúcidos intérpretes de la modernidad plantea en “Modernidad y Holocausto” que en la realidad de los campos de concentración descubrimos un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro que nos cuesta reconocer como propio, pero el Holocausto, fue como bien dice, un producto de la racionalidad moderna, fue el resultado de rutinarios procedimientos burocráticos, de cálculos de eficiencia. Fue el esforzado empeño de dar “soluciones racionales” a “problemas” que se iban planteando a medida que cambiaban las circunstancias. Como nos advertía Arandt y nos señalaba Milgram, la mayora parte de los autores del genocidio fueron personas normales que pasarían tranquilamente por cualquier cedazo psiquiatrico por tupido que este fuera. Y es que Bauman, que utiliza el estudio de Milgram como base, considera que la mediación intrínseca a toda burocracia, provoca esa perversa invisibilidad moral.

Los más aterrador, no es que sepamos lo que ocurrió, el alcance del horror organizado por los nazis, sino la idea de que nosotros podríamos también haberlo hecho. Hay quienes, como Reyes Mate, destacan la excepcionalidad de Auschwitz pero no faltan quienes sin negar esa excepcionalidad, rastrean un modo de proceder que se ha repetido a lo largo de todo el siglo XX en diferentes persecuciones y matanzas.  En sociedades  que habían tenido un acceso generalizado a la cultura, en sociedades que podían llamarse sin ambages modernas.

Nos dice I. Kertesz en “Un instante de silencio ante el paredón” que no comprendemos que aquello haya podido suceder porque nos negamos a reconocer que la barbarie es una posibilidad latente en nuestra manera de vivir. Nos espanta la facilidad con la que los regímenes dictatoriales totalitarios disuelven la personalidad autónoma y hacen del ser humano una pieza constituyente, sumisa y perfectamente ajustada del engranaje estatal.

Qué poca efectividad parece tener la cultura, gran excusa y trasunto de la educación, qué poca influencia en nuestra percepción del dolor ajeno, de nuestra posición frente a los semejentes. Quizás podamos explicar estas taras desde la lógica de la propia conservación y la obediencia. Podemos argüir que el mal una vez desatado no puede resitirse. ¿Como explicar sino la impunidad de tantos crímenes? La Guerra Civil española, el Gulag, la matanza de Srebrenika,  o los desaparecidos de Argentina o Chile (ved sobre esto el terrible y esclarecedor artículo del pasado domingo sobre el desaparecido Héctor Germán Oesterheld). Sin embargo el testimonio de los pocos que resistieron demuestra que en definitiva es una elección. Entre pervivir en medio de la barbarie más absoluta y arriesgar nuestra vida oponiéndonos a ella, la mayor parte de nosotros elegimos la primera opción. Quizás por eso la memoria de la barbarie es tan delicada, nos incomoda pensar que posiblemente estaríamos del lado de los verdugos. Por eso la memoria es un asunto tan serio y mueve tanta controversia, por eso las víctimas siguen siendo una y otra vez asesinadas y todo progreso parece excusar ese sacrificio (siempre ajeno).

Advierte Reyes Mate que nuestro tiempo se ha especializado en disimular el lado oscuro de la realidad, en camuflar la muerte, en convertir el dolor humano en artículo indoloro de consumo. Por eso ha podido erigir esa idea de vida libre de sufrimiento, sin embargo la realidad es que el hombre causa y padece dolor e injusticia. Recordar Auschwitz es tanto como reconocer que la pregunta por la felicidad no puede hacerse de espaldas al sufrimiento.

Manuel Reyes Mate ha dedicado buena parte de su obra a esa “memoria passionis”  a esa memoria del sufrimiento, a su valor y la importancia que tiene para la construcción de una alternativa a ese “progreso” moderno que pasa por encima de individuos, grupos sociales y pueblos enteros. Podéis escuchar al propio Reyes Mate desarrollando esta cuestión en una entrevista que concedió a Canal Sur.

Dice Reyes Mate que el sentido de la educación es hacer frente a la barbarie, enseñar a vivir humanamente. Plantea que debe ser la réplica civilizada a la “banalidad del mal” que debe ayudarnos a sospechar de que el hombre vive consciente o inconscientemente con ese mal elemental. Para Mate, el saber es sufrimiento, no porque en el camino del conocimiento el esfuerzo haya de ser constante y porque este esfuerzo suponga sufrir de alguna manera. Sino porque el sabio que se implica en el conocimiento no separa la substancia de la realidad de la experiencia y al estar pegado a la realidad se familiariza con el sufrimiento. Un sufrimiento que no abstrae o disimula, sino que toma como referente de su quehacer. El que sufre no nos pide que le aclaremos la razón de su sufrimiento, clama por la felicidad de la que se le está privando. Ahí radica uno de los errores más comunes de todo conocimiento, parece que saber el nombre de la enfermedad o lo que lo provoca nos sirviera de alivio. Si planteamos que sufrimos una crisis económica o que la economía de nuestro país es ruinosa basta explicar las razones para que respiremos aliviados. La escuela a menudo cae en esta trampa nos dice el nombre de las cosas, pero no nos da herramientas para conocer su calidad, no pretende defendernos de esos males a los que pone nombre (más si cabe si son del pasado y pueden quedar en adorno culturalista)

A veces sospecho y me atormenta la idea de que quienes estamos en esto de la educación enseñamos a obedecer, enseñamos a aceptar la realidad como un hecho invariable, a transigir con la injusticia. Hacemos esa historia  sobre la que nos prevenía Walter Benjamin, la que sirve de conmemoración a los vencedores en vez de recordar a las víctimas. Benjamin nos previne sobre ella pues hay una relación entre la reproducción del mal y el recuerdo de los derechos de los vencidos, si estos derechos prescriben nada impediría que el crimen se perpetuara. Por todo ello Benjamin nos aconseja que busquemos la verdad en la basura de la historia, entre los harapos y los escombros de la moderna civilización.

Recoge Reyes mate la cita de unas palabras que en su última conversación Marcuse le dirigió a Habermas

“¿Sabes? Ya sé donde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentimiento del sufrimiento de los demás”

Cuando dejamos esa compasión al margen nos deshumanizamos, cuando preferimos el olvido del sufrimiento pasado cumplimos con el dictado de quienes levantaron los campos de concentración, pues su propósito no era sólo construir una gigantesca fábrica de muerte, sino sobre todo, un proyecto de olvido, la negación del crimen dentro del crimen.

A todo esto he dedicado el verano. La verdad es que fundamentalmente a estas lecturas y reflexiones, en ellas sigo y seguiré por mucho tiempo. Han sido mis principales lecturas, he dejado su referencia para el último momento porque me tenían demasiado absorbido como para resumiroslas aquí en un momento.

Para terminar permitidme que ponga banda sonora a este artículo, se trata del tercer movimiento del String Quartet nº 3 de Dimitri Shostakovich,  con él en los oídos escribo.

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Vocaciones estudiantiles

On 07/07/2008, in 4º ESO, Crítica y Reflexión, by David

¿Letras o ciencias?. Quienes vais a hacer el bachillerato el próximo año tomáis ahora una decisión que tiene implicaciones profundas y que mueve más agua de la que parece mover. Vocación llamamos a esa inclinación a una profesión, estado o carrera, que nos mueve a decidirnos por unos estudios o también por su abandono, en […]

¿Letras o ciencias?. Quienes vais a hacer el bachillerato el próximo año tomáis ahora una decisión que tiene implicaciones profundas y que mueve más agua de la que parece mover. Vocación llamamos a esa inclinación a una profesión, estado o carrera, que nos mueve a decidirnos por unos estudios o también por su abandono, en el caso de que esta inclinación nos lleve al mundo laboral por un camino más rápido.

Pero la percepción que docentes y discentes tenemos de la elección de ese bachillerato de letras o de ciencias tiene a menudo menos que ver con la vocación que con la “facilidad”. Hoy sigue siendo un lugar común, que las letras son más fáciles que las ciencias. Lo que me lleva a pensar que realizar un ensayo filosófico, escribir una novela, reconstruir una sociedad pasada o redactar una ley son tareas mucho más sencillas en términos intelectuales que resolver problemas matemáticos, diseñar una pieza industrial, intervenir genéticamente en una célula o curar un herpes.  También esa distinción nos lleva a pensar que ser profesor o maestro en cualquiera de las etapas educativas obligatorias, es una tarea sencilla, que aquellas personas con menos constancia, menos abnegación e incluso menos talento pueden llevar a cabo.

Resulta también curioso que los términos de facilidad y dificultad que alumnos y profesores usamos están determinados por los porcentajes de suspensos de las asignaturas. Así una asignatura que año tras año acumula suspensos, es difícil y la que uno aprueba sin dificultad es considerada fácil. Ahora bien, la evaluación (vulgo los exámenes) tiene que ver no con una jerarquización de saberes en función de sus resultados, sino con la comprobación de que los objetivos que nos marcamos al principio del proceso (el curso o los cursos) han sido alcanzados. Parece evidente que hay disciplinas que no consiguen alcanzar esos objetivos casi nunca y otras que parecen tener alcanzados los objetivos desde el principio. Todo esto resulta francamente sospechoso.

Si los alumnos, o buena parte de ellos, no consiguen alcanzar los resultados esperados en matemáticas,  ¿es porque la asignatura es difícil?, ¿porque está más planteada?  ¿o es porque el profesorado no consigue organizar ese conocimiento en la cabeza del alumnado?  Si consideramos que la Historia y la Geografía se esfuerzan en que los alumnos lleguen a tener un conocimiento del espacio y del tiempo bien estructurado y sus resultados son manifiestamente mejores que los de las asignaturas de ciencias… ¿Es porque los objetivos han sido alcanzados realmente? ¿Los alumnos tienen una cultura amplia, adornada de lecturas? ¿Es porque han alcanzado de la mano de las “letras” esos goces estéticos que antes su ignorancia les hurtaba?….. No lo creo.

Quizás estemos haciendo algo mal. Quizás no estemos cumpliendo con nuestro trabajo. Los unos y los otros, los que suspenden y los que aprueban, y es que me todo esto me sugiere una pregunta. ¿Qué queremos decir de una asignatura cuando la llamamos “difícil”?. ¿Que es difícil de aprobar? ¿De aprender? ¿Que no tenemos claro para qué sirve?

El caso es que todo el conocimiento humano está edificado sobre bases comunes. El razonamiento lógico, el establecimiento de una tesis y su comprobación, la resolución de problemas de diferentes tipos.  Hay problemas matemáticos (de ciencias) sencillos de resolver, que tienen una técnica conocida y asequible y problemas sociales que pese a ser cotidianos y acompañar al hombre desde sus comienzos siguen sin ser resueltos (y esos son los fáciles….. los de sociales, los de letras). La división de saberes entre letras y ciencias, entre fáciles y difíciles, es históricamente reciente. Ni Aristóteles, ni Leonardo ni Bacon eran de ciencias o letras, eran pensadores que trataban de resolver problemas muy diferentes utilizando las herramientas conceptuales adecuadas a cada caso. Hoy sin embargo el ser de letras o de ciencias nos lleva incluso a eludir determinadas tareas, no es raro (me acaba de volver a ocurrir), que a la hora de contar el dinero puesto a escote para una comida, el encargo recaiga en alguien de ciencias….. pues los de letras es evidente que no sabemos contar. Si el que cuenta se equivoca la salida natural es decir…… “no, es que soy de letras”. Quizás convendría reconocer que lo que somos es idiotas, pues sumar y restar son operaciones que se enseñan al comenzar la primaria y que alguien con formación universitaria no puede excusar.

Quizás una de las evidencias más claras del fracaso de la educación sea precisamente esa mal dirigida vocación en función de “dificultades” por materias. Cierto es que cada cual tiene sus talentos y sus gustos y que suelen unos y otros estar repartidos de muy mala manera. Pero no acabo de ver que ese reparto de talentos tenga diferencias tan marcada al final de una etapa obligatoria como la ESO. No entiendo tampoco, aunque alguna idea tenga al respecto, porqué el conocimiento escolar resulta tan odioso cuando el más necio entiende que saber es mejor que no saber, te espeta una frase del tipo “quien tiene la información tiene el poder” o se desvive por saber sobre alguna cuestión, normalmente alejada de las clases.

Todo saber surge de una pregunta, del cuestionamiento de lo que percibimos a través de los sentidos, de la necesidad de completar una información para entender lo que sucede. “Es la pregunta la que nos impulsa”, le decía Trinity a Neo en la película Matrix. La cuestión es que la pregunta es personal, pues la curiosidad es personal, no podemos ir sobre la pregunta de otros, o si vamos, desde luego no llegamos tan lejos. Desde luego la escuela que conocemos no contribuye en nada a esa formulación de preguntas que fundamenta el conocimiento. Aprendemos fórmulas, rutinas, estrategias para aprobar que resultan con el tiempo cada vez más fatales, al final uno se ha de enfrentar con sus inconsistencias y si quiere avanzar ha de procurar resolverlas, ahí hacemos la pregunta nosotros y en ese momento aprendemos, conocemos, quizás por primera vez.

Memorizamos reglas y al final resulta que entendemos por sencillas aquellas asignaturas de las que hemos comprendido mejor las reglas. La técnica de las sociales suele ser memorizar lo que aparece en negrilla en el libro (la pregunta del alumnado es “que es lo que entra”), las de ciencias, resolver siguiendo los pasos establecidos, problemas sin fin (¿vas a poner un problema de ….. ?). Ni en una ni en otra nos lleva curiosidad alguna, no nos arrastra la vocación, nos mueve la necesidad prosaica de aprobar algo que ni entendemos, ni nos interesa ni nos mueva a nada, quizás a un profundo hartazgo y a una desidia infinita.

Resulta así más fácil de entender el reportaje que hoy aparece en las páginas de educación del diario El País, donde se plantean los criterios de selección utilizados por los alumnos para decidir el bachillerato que quieren hacer, es revelador y demoledor.   Conviene tener una vocación, un gusto por hacer, un proyecto, si nuestro proyecto es simplemente el de “no hacer”, nuestros pasos no nos llevarán muy lejos. Lo difícil nos hace sentirnos orgullosos, nos fortalece, es un reto que superado nos completa. ”Sólo lo difícil merece la pena” decían los griegos, pero lo difícil no sólo es aquello que se nos da mal, a veces los difícil es profundizar en lo que se nos da estupendamente. En cualquier caso os aseguro que ser un buen abogado, un buen novelista, un buen médico o un buen electricista, son todos empeños difíciles. Tomarse en serio el oficio y la vocación no es nada fácil. Lo demás es supervivencia,…… y se nota. Siempre te gusta ser atendido por aquellos a los que ves que les gusta su trabajo y te enferma coincidir con quienes ven en su trabajo un sufrimiento y un sinsentido.

Ya que la condena de trabajar es universal, al menos tener el buen juicio de elegir una condena que os agrade.

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El profe se va de convivencias

On 06/07/2008, in Crítica y Reflexión, by David

Me he ido de convivencias….. no sé explicarlo de mejor manera. Unas convivencias con quienes son compañeros de tarea y con quienes llevo navegando mucho tiempo, primero en la lejanía, leyéndoles, después compartiendo con ellos empeños y espacios. Maestros y amigos, arrimados….. gente con la que comparto algunas lecturas e ideas, una visión similar de […]

Me he ido de convivencias….. no sé explicarlo de mejor manera. Unas convivencias con quienes son compañeros de tarea y con quienes llevo navegando mucho tiempo, primero en la lejanía, leyéndoles, después compartiendo con ellos empeños y espacios. Maestros y amigos, arrimados….. gente con la que comparto algunas lecturas e ideas, una visión similar de lo que es la escuela y un proyecto común de reflexión y de acción que se llama FEDICARIA . Un proyecto que surgió hace ya más de quince años y al que la generosidad de quienes forman parte de esa cofradía me ha permitido unirme y contribuir, pero sobre todo recoger y disfrutar de un conocimiento sobre la escuela, la cultura y la historia, que han ido atesorando a través de publicaciones y encuentros como éste del que ahora vuelvo.

Como os he dicho a menudo nos construimos en el contacto con los otros, desde luego mi contacto con quienes forman FEDICARIA ha sido fundamental en mi formación como docente y en mi percepción sobre la escuela y las relaciones que se establecen en ella. Indudablemente no es una influencia única, otras hay igualmente intensas, pero desde luego ha sido capital en mi pensamiento.

Empiezo así el verano, trabajando, ….. reflexionando y leyendo sobre qué modelo de ciudadanía transmite la escuela y sobre las contradicciones de ese modelo y a partir de ahí. Sobre esas ideas cada cual va tomando partido, elaborando su propio pensamiento, en ese contacto con el pensamiento ajeno.  Esa es la parte importante, ese diálogo que establecemos entre aquellos a los que leemos o escuchamos y nosotros mismos. Un diálogo que se establece en nuestro pensamiento, que la mayor parte de las veces ni siquiera se verbaliza, pero que contribuye a formar esa argamasa de la que vamos armando nuestras propias concepciones. Esto no supone que estemos de acuerdo con quienes hablan, con aquellos a los que leemos, a menudo sucede que sus aportaciones o sus ideas nos parecen confusas o equivocadas, pero al hacer el esfuerzo en argumentar nuestros juicios sobre las ideas ajenas vamos elaborando las nuestras, con las discrepancias y con las coincidencias. No hay otra manera. Lo demás…. el seguir un discurso, el memorizar unas consignas, el heredar unas categorías sin hacerlas nuestras, el subirnos a un carro de ideas y saludar desde lo alto, son otras cosas…. pero no pensamiento. Sed cuidadosos con esto y sedlo sobre todo con aquellos con los que coincidís, pues a menudo son más peligrosos para el pensamiento  los acuerdos que las discrepancias.  Los abusos del acuerdo nos hacen estar descuidados en nuestro juicio, nos llevan sin darnos cuenta a lugares a los que jamás hubiésemos querido ir de haber sido postulados desde ideas muy diferentes. Repasad constantemente vuestro pensamiento o acabaréis siguiendo una inercia. Ya sabéis que pensar es incómodo….. eso decía Pessoa por el que alguno sabéis que siento afición.

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Juegos e Historia

Hace algunos años, ya bastantes, comencé a jugar al Simcity, manejé legiones con el Centurio, luego llegaron el Age of Empires, el Imperium y alguno menos conocido pero igualmente expresivos de las épocas históricas que retrataban. Mantengo la afición. Evidentemente uno puede jugar a cualquier juego sobre la II Guerra Mundial sin tener ni remota […]

Hace algunos años, ya bastantes, comencé a jugar al Simcity, manejé legiones con el Centurio, luego llegaron el Age of Empires, el Imperium y alguno menos conocido pero igualmente expresivos de las épocas históricas que retrataban. Mantengo la afición. Evidentemente uno puede jugar a cualquier juego sobre la II Guerra Mundial sin tener ni remota idea de la Historia Contemporánea de Europa, pero lo que también es seguro y parece demostrado, es que al final, tendrá una idea general razonablemente buena de lo que ocurrió el día D a la hora H.

Hoy un artículo de prensa nos acerca al debate sobre la utilidad de los juegos históricos. ¿Son adecuados? ¿Son educativos? No soy amigo de la Historia de batallas y guerras, pero la historia escolar está llena de batallas y guerras, los juegos de estrategia histórica tienen  las batallas y las guerras como principal atractivo para muchos adolescentes. Sin embargo no sólo batallas y guerras hay en estos juegos, a veces las estrategias constructivas, las estrategias de supervivencia y de crecimiento de las sociedades que representan tienen un papel mucho más importante tanto en el desarrollo del juego como en las posibilidades de ganar una partida. Cómo evolucionan las sociedades, cuales son sus fundamentos sociales y económicos o de qué modo luchaban unos pueblos y otros aparecen en las programaciones curriculares. Los juegos, con distinta oportunidad y talento incluyen algunos de estos factores. Por ello su valor educativo  ha sido destacado a menudo. Los juegos son utilizados por algunos compañeros para enseñar historia, y son una herramienta útil. Vosotros los alumnos aprendéis historia a través de ellos, como la aprendéis a través del cine, de la televisión o de otros medios. La cuestión no es que aprendáis contenidos históricos más a menos fiables, la cuestión para mi importante es que al final  esos juegos son una puerta, una invitación a saber más, un primer paso en el camino de hacernos preguntas históricas relevantes, más allá de la anécdota, algo en lo que los juegos y los propios textos escolares tienen a menudo mucho que ver.

Como suele ocurrir, lo importante no es tanto su uso como la medida. No puede aprenderse historia de Roma solo jugando al Centurio, pero tampoco se aprende historia de Roma, sólo escuchando al profesor o sólo leyendo el libro de texto, por más que los discursos del libro y del profesor puedan estar mejor fundamentados (que a menudo ni siquiera).  Aprovechad todo lo que tenéis a vuestra alcance. Todo. Construimos nuestro conocimiento con materiales muy diferentes.

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