Sobre la mirada de las víctimas y los perdedores

Caminamos de la mano de nuestras lecturas, aunque nos agarremos a las manos que deseamos… eso también es cierto. Buscamos en nuestras conversaciones, en las películas que vemos y en esos libros que buscamos y leemos, respuestas a nuestras preguntas, a aquellas cuestiones mal resueltas que nos desazonan. De tal modo que nuestra mirada se […]

Caminamos de la mano de nuestras lecturas, aunque nos agarremos a las manos que deseamos… eso también es cierto. Buscamos en nuestras conversaciones, en las películas que vemos y en esos libros que buscamos y leemos, respuestas a nuestras preguntas, a aquellas cuestiones mal resueltas que nos desazonan. De tal modo que nuestra mirada se acaba comportando como el objetivo de un fotógrafo, enmarca aquello que su atención pretende. Mi mirada de fotógrafo (más metafórico que otra cosa) se detiene hoy en un artículo que nos habla de miradas y que tiene mucho que ver con mis últimas lecturas y con algo en lo que estoy trabajando, los perdedores, las víctimas, aquellos a los que el “progreso” aniquila, lanza hacia atrás en su inercia, a los que arrincona y destruye a mayor gloria del relato de nuestro tiempo. Cuando hablamos de progreso, cuando citamos orgullosos los índices de nuestro bienestar, cuando nos holgamos en la consecución de un régimen democrático,  una sociedad ordenada (o su desorden establecido…. como queráis), construimos un relato que deja fuera a muchos individuos. Atrás quedan los muertos (esos cuya desaparición explica a veces el presente), los vencidos, los perdedores, un amplísimo universo de víctimas de muy distinta índole que no aparecen en los grandes relatos históricos más que como “sacrificios necesarios”. Sin embargo el sacrificio de un individuo, la imposibilidad de desarrollar su vida (por que la pierda o porque se le condena a la miseria o la exclusión social)  se agota en él mismo. Ese sacrificio tiene un valor social que se destaca en aras de beneficios colectivos, pero a veces tales beneficios no están tan claros, a veces no son más que beneficios particulares, en muchas ocasiones, demasiadas, el sufrimiento no tiene siquiera compensación, convertido en número o en porcentaje.  Quienes pierden sus empleos, quienes ven frustradas sus vidas por la guerra, las crisis económicas, las circunstancias …..  quedan al margen. Los deportes nos dan una idea clara de la naturaleza de los relatos sobre el pasado, nadie recuerda a los perdedores, a quienes quedaron segundos, a quienes lucharon con ahínco pero no consiguieron la victoria. El relato es casi siempre  una glorificación de los triunfadores.

Hoy periódico El País recoge la inauguración de una exposición del fotógrafo francés Pierre Gonnord sobre “La mirada de los marginados”. A Gonnord le interesa la imagen del fracaso, de la marginación, el poso que en los ojos de los sujetos deja la derrota. La miseria le interpela, nos cuenta que la busca, la invita a su estudio y la fotografía, y la miseria, encarnada en estas personas, les habla de su vida, de cómo en un momento sus proyectos vitales se rompieron, de como iniciaron un descalabrado descenso a los infiernos. Quizás uno de los errores que cometemos con más facilidad es considerarles “ellos”, hacerlos ajenos a nuestra naturaleza, son los “otros”, los que no supieron, los que no quisieron, los que algo hicieron mal, sin embargo Gonnard nos los presenta como un “nosotros”. Nosotros somos ellos, sus vidas fueron como las nuestras, sus vidas son como las nuestras. Su dignidad, su elegancia, debe contribuir a ponernos en nuestro lugar, quizás los que estemos mal encuadrados seamos nosotros cuando les consideramos ajenos.

(Las fotos son las que ilustran el artículo en El Pais)

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2 Responses to Sobre la mirada de las víctimas y los perdedores

  1. Guadalupe dice:

    Va por ÉL.

    Impresiona que forma parte del diseño del banco, de ese banco que es casa, mesa, ropero, amigo, confidente, compañero.
    Impresiona que ha perdido todo vínculo por el camino y se ha quedado con su banco y sus harapos. Todo un tesoro. Todo un mundo.
    Seguramente buena parte de los normales y corrientes no pasaremos como seres individuales a formar parte “consciente” de la historia. No seremos recordados como víctimas ni héroes, ganadores , perdedores. Tejemos nuestra historia, la nuestra, la propia, la particular en base a vínculos, roces, holas y adioses. Siempre están los otros por ahí, presentes, afortunadamente.
    Existen personas, sin embargo, que impresionan de haberlo perdido todo, también todo vínculo con los otros, con sus seres queridos y aquellos odiados, con los que en algún momento compartieron espacios de encuentro y desencuentro y su historia se ha ido empobreciendo hasta el extremo de ser pura sobrevivencia. Fernando León en Princesas, a través de su protagonista, se empeña en reiterar que existimos mientras alguien nos tiene presentes. Tal vez. Duro es perder el trabajo, duro ser víctima de catástrofes y guerras y violencias .Tiene que ser terrible, sin embargo, existir teniendo por compañero un banco, por techo el cielo y por oyente al vacío.

    Y va por él, por esa persona que me cruzo en Moratalaz siempre que cojo el 20 cuando quiero acercarme al centro de Madrid. Va por él, con su barba mestiza, mirada perdida.

    Aprovecho el espacio que me brinda este estupendo blog para darle presencia, tal vez para suavizar la crudeza que es pasar a su lado y seguir mi camino, dejándole allí, tan al margen de todo.

    Guadalupe.

  2. [...] casi un año escribía sobre una exposición en Madrid del fotógrafo Pierre Gonnord dedicada a “La mirada de los marginados”. La recuerdo a propósito de una nueva exposición, de una nueva reflexión sobre la derrota hecha [...]

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