Kassel invita a la lógica

On 11/10/2014, in Crítica y Reflexión, by David

En contra del título del libro de Enrique Vila-Matas, Kassel invita a la lógica. Quizás sean las perspectivas verdes del Staatspark Karlsaue o esa Wilhemsöhe Allee que como un eje  recorríamos en tranvía desde el  instituto de los pequeños (no tan pequeños) Heinrich-Shütz-Schule,  al de los grandes (estos sí grandes) la Jacob-Grimm-Schule. Qué fue el […]

En contra del título del libro de Enrique Vila-Matas, Kassel invita a la lógica. Quizás sean las perspectivas verdes del Staatspark Karlsaue o esa Wilhemsöhe Allee que como un eje  recorríamos en tranvía desde el  instituto de los pequeños (no tan pequeños) Heinrich-Shütz-Schule,  al de los grandes (estos sí grandes) la Jacob-Grimm-Schule. Qué fue el viaje y cómo lo vivimos podéis seguirlo en el blog escrito por la profesora Teresa Vilchez, colega y compañera de viaje, donde se da cuenta abultada de peripecias y actividades.

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Kassel es una ciudad alemana de tamaño medio, capital del Landgraviato de Hesse-Kassel, uno de esos pequeños principados humildes que formaban la Alemania de antes del siglo XIX. Aquellas pequeñas cortes imitaban las solemnidades de cortes mayores, particularmente y en el XVIII las de la Corte francesa. A la sombre del ejemplo galo elevaron palacios y parques que emulaban los jardines franceses con idénticas ínfulas mitológicas y la misma pasión clasicista que era común a toda Europa. Hace un año el Scholosspark Wilhemshöhe, sus fuentes y su gigantesco monumento a Hercules fueron declarados Patrimonio de la Humanidad.

En 1943 Kassel fue completamente arrasada por los Lancaster ingleses que trataban de destruir la factoría de tanques Tiger y Panzer que estaba en las afueras de la ciudad. De paso, estos bombardeos masivos e indiscriminados sobre objetivos civiles, debían contribuir a la desmoralización de la población alemana y a quebrar la resistencia. La historia de los bombardeos sobre ciudades, los de Madrid, Barcelona o Guernica perpetrados a lo largo de la Guerra Civil Española, los bombardeos alemanes sobre Londres  y Rotterdam – verdaderamente brutal- y los bombardeos aliados de Hamburgo, Kassel, Colonia o Dresde – igualmente horrorosos -, son capítulos de esa Historia Universal de la Infamia que debiéramos empezar a escribir cuanto antes. Desde entonces el resultado de cualquier guerra pasa por la destrucción más o menos completa de las ciudades – no hay mas que ver la actual guerra de Siria o las recientes de Iraq o de Líbano para comprobarlo. En esto el siglo XX y también el XXI han dado un espectacular salto que nos devuelve a la Historia Antigua. Como si todas las ciudades enemigas fueran aquella Cartago que los romanos decidieron  borrar del mapa arrasándola hasta los cimientos y sembrando sus campos de sal.

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A pesar de los horrores de la II Guerra Mundial y de la Posguerra, Kassel logró resucitar. Reconstruyó lo que pudo ser reconstruido , hasta el punto que cuesta pensar que aquellos edificios sufrieran los rigores de los bombardeos y levantó sobre las ruinas una ciudad nueva, sencilla y moderna, que es en sí un catálogo del mejor urbanismo y la arquitectura funcional del siglo XX. A algunos les parecerá fría e insustancial, pero yo reconozco que caminaba embobado entre aquel catálogo de soluciones modernas que no parecían haber acusado el paso del tiempo. Quizás sea lo que más me llama la atención de la ciudad, lo bien que han envejecido esas soluciones en los últimos cincuenta años y por comparación,  lo mal que han envejecido en otros lugares, por descuido o desdén (aunque me inclino más por este último).

IMG_2192Confieso mi cansancio de los historicismos. Aborrezco las columnatas dóricas, los órdenes y los palacetes paladianos por puro agotamiento. Claro está que me parecen elegantes y bellos, pero me cansan. Sin embargo camino por las calles diseñadas con perfiles rectilíneos de aluminio y cemento, protegidas por pasillos cubiertos de hormigón como los de mi colegio de la infancia y me emociona la sencillez y la pulcritud. La ventaja de Kassel, como decía, es que estas estructuras se conservan perfectas y limpias y no han sufrido el vandalismo o el abandono que hoy podemos ver en espacios parecidos de Madrid (amén de restauraciones insensatas, cambiando colores o materiales o mezclando de mala manera mobiliario urbano de casposa tradición)

Kassel invita a la lógica. A la lógica de la supervivencia en primer lugar, a la superación de un pasado negro, al dolor de la pérdida de miles de vida y a la vergüenza que un régimen político – el nazismo – que desfiguró la historia de Alemania. La lógica de echar andar sin mirar a atrás, reconociendo la propia historia, esa historia que plantea la superación de los antiguos y mortales nacionalismos del comienzos del siglo XX y que se esfuerza desde los años cincuenta de hacer una historia común. En este sentido no puedo dejar de aludir a la bellísima historia que Brigitte (la profesora que inició el Intercambio entre Kassel y nuestro instituto)  nos contó de cómo empezó a estudiar francés a partir de uno de esos primeros intercambios Francia-Alemania cuyo espíritu está detrás de la fundación de la Unión Europea. Si tenía alguna duda sobre la utilidad de los intercambios la perdí aquella tarde y en esa conversación.  Esas personas que dejan de ver “alemanes”,  ”franceses”, o “españoles” y comienzan a ver a Brigitte, a Britta, a Teresa o a Sandra y que reparan, por extraño que parezca, en que no somos “especies” distintas, son un tesoro de convivencia y el puente que nos lleve a una Europa que repare por fin en que nuestra cultura es Europea, antes que cualquier otra cosa. Estas personas avisadas y agudas son quienes nos plantean a las claras que somos personas y no una “categoría nacional” que nos explica. Hay alemanes trabajadores y vagos y españoles cuidadosos y desastrosos. Me enfada cada día más generalizar virtudes o vicios privados como si fueran públicos. Haríamos bien en evitar tales anteojeras.

He vuelto de Kassel con ganas de saber, de saber de Alemania, de mirar un poco más allá del Rhin, convencido de aprender algo de alemán – de urgencia – y de defender allá donde haga falta algo de lo que llevo años convencido, las sillas son un mal sitio para aprender…, quizás las de una terraza o las de montar, sirvan, pero aprender de verdad, se aprende viajando. Gracias a todos los que habéis hecho esto posible y a todos los que habéis compartido este tiempo de una manera o de otra. Si me veis enredado en estas historias, que sepáis que todo esto lo justifica.

Y por lo demás… Queda inaugurado el presente curso 2014-15. Bienvenidos los nuevos alumnos y hola de nuevo a los viejos conocidos. Tenemos mucho que hacer…. adelante.

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