Movimiento

La lectura está sobrevalorada. No podemos negar la utilidad de la lectura para transmitir el conocimiento, pero el conocimiento, la cultura, el saber, las emociones y todo aquello que nos hace sentirnos seres humanos, todo eso que logra hacernos comunicar nuestros anhelos o nuestros temores, puede transmitirse a través de otros códigos. La música, las […]

mainimage_upperLa lectura está sobrevalorada. No podemos negar la utilidad de la lectura para transmitir el conocimiento, pero el conocimiento, la cultura, el saber, las emociones y todo aquello que nos hace sentirnos seres humanos, todo eso que logra hacernos comunicar nuestros anhelos o nuestros temores, puede transmitirse a través de otros códigos.

La música, las artes plásticas o las danza son elementos normalmente escamoteados de la visión que en la escuela damos de la sociedad, la del presente o las del pasado. Quizás debiéramos preguntarnos más por los gustos culinarios, las razones de las modas en el vestir, las cortesías, las músicas y las danzas para conocer realmente esas sociedades que tratamos de retratar con un puñado de corruptos monarcas, viles matanzas y paces vergonzantes.

Este blog se ha ocupado en más de una ocasión de la música pero quiero con este post abrir un espacio a un arte normalmente escondido. La voz y el movimiento son las primeras formas de comunicación de un bebé con sus progenitores, los lloros y quejas de los niños se acompañan de agitados movimientos de piernas y brazos. Somos bípedos y eso nos condena a mantener un difícil equilibrio para no rendirnos a la gravedad. Con el tiempo, confieso que no es mi caso, llegamos a ir más allá, movernos con elegancia, con donosura, con ritmo…. llegamos incluso a bailar.

El baile, como un tridimensional dibujo, nos sirve para expresarnos. No es sólo bello, es útil también, muchas son las sociedades que a través del baile llegan a un éxtasis comunitario, a una especie de exorcismo que sirve unas veces para conjurar el mal y otras para compartir el mayor de los bienes. El baile en círculo de muchas danzas tradicionales, que reúne entorno a esta perfecta figura geométrica a toda la comunidad, nos acerca a los antiguos cultos solares.  La danza ha servido como parada nupcial, como rito necesario en toda ceremonia de tránsito. Quizás sólo la muerte no se celebra bailando, será porque el protagonista no puede unirse a la danza.

SardanesNo todos cantamos, ni todos logramos dominar un instrumento musical pero sin duda todos bailamos.  Ved a continuación tres ejemplos de baile que nos dicen mucho de las sociedades que los bailaron. Son quizás ejemplos palmarios de una forma de moverse, de una manera de estar, de una expresividad.

La primera, solemne y redundantemente barroca pertenece al “El rey baila“, una magnífica representación de la corte de Luis XIV donde el rey se encarna en su propia solar metáfora.  Un movimiento maquinal, ceremonioso, expresión de contención y de dominio, tan ordenado y cartesiano como el espíritu de su época.  Soberbia la música de Lully y muy oportunas las palabras que el guionista pone en boca del rey: Puissance, plaisir et lumière. (poder, placer y luz). El retrato perfecto de una época y del espíritu del rey. El rey ordena con sus brazos a las virtudes y a los vicios…… el rey está en el centro del sistema de poder y de valores de la sociedad cortesana del barroco. Un reflejo de la música y la danza nos sirven para hacernos una idea perfecta de esta espléndida corte.

La sociedad liberal del siglo XIX planteará un nueva función para la música y la danza. Estas dejarán de interpretarse en los palacios reales de los que formaban parte de su etiqueta y ganarán un espacio y funciones nuevas. El espacio nuevo es ese gran auditorio, ese teatro de ópera que formará parte de los edificios fundamentales de la nueva ciudad. Allí se reunirá la clase social emergente, la burguesía, como espectadora. Ya no es concebible contemplar al rey bailar….. el rey ocupa su palco como curioso espectador. La corte le acompaña en los palcos vecinos, que sirven tanto para ver como para ser vistos y la danza se convierte en un espectáculo social  donde los asistentes no participan más que con su aplauso.  En el escenario una serie de movimientos establecidos por la danza clásica se ejecutan y repiten para ilustrar una historia, normalmente desgraciada, habitualmente de amor, tan superficial como predecible.  La danza es entonces un acto social. Pero como arte avanza en sus técnicas y en sus rituales, que en buena medida se conservan en la danza clásica hasta hoy. Aquí tenéis una escena del “Lago de los Cisnes” de Tchaikovsky, interpretada por los estupendos Tamara Rojo y Carlos Acosta.

El siglo XX y las vanguardias artísticas rompen con los cánones. Esas reglas que regulaban el buen hacer de cada una de las artes, que marcaban férreamente la diferencia entre el arte y la artesanía, entre los entretenimientos cultivados y los vulgares recreos del pueblo.  Las danzas populares fueron tamizadas por el ballet clásico y convertidas en una serie de recreaciones del espíritu del pueblo, se convirtieron en expresiones de la cultura nacional, en atávica cultura barnizada de sofisticación por los grandes compositores y coreógrafos. El movimiento romántico del XIX se tiñó de nacionalismo cultural y colapsó a comienzos del siglo XX.  Si en la pintura o la escultura el naturalismo dio paso al simbolismo, al impresionismo, al dadaismo, el fauvismo o el cubismo…… en la danza el movimiento se liberó. Las coreografías fueron escapando según avanzó el siglo XX de las rigideces formales de la danza clásica, del mismo modo que la sociedad del XX se liberó de muchas de las rígidas etiquetas del victoriano mundo del XIX.

En 1986 la coreógrafa norteaméricana Twyla Tharp se sirvió de la música minimalista de Philip Glass para elaborar una coreografía que es la antítesis de la rigidez clásica. Un movimiento que fluye, que parece tan natural como espontáneo, de cuerpos que se mueven flexibles y en curiosos contrapuntos provocando una maravillosa sensación de desequilibrio. Quizás la música de Philip Glass y esta coreografía sean perfecta imagen del mundo contemporáneo. Hay repeticiones y rutinas en la música, hay espontaneidad y desequilibrio en la coreografía….. esa mezcla de control y de vértigo que paradójicamente se dan en las sociedades modernas.  Aquí tenéis una de las escenas.  Este verano tuve la oportunidad de disfrutar de este espectáculo en el Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Desde entonces me sirve para ponerle musica y movimiento a alguna de las cosas que tengo que explicar.

Para mis alumnas y alumnos bailarines…. que algunos son y para mi amiga Elena que me ha enseñado a apreciar la danza.

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